
Mientras yacías inmóvil en las baldosas, mi cuerpo de ti se prendió.
Mientras yacías oculto en la oscuridad, mi alma a ti añoró.
Mientras yacías entre mis brazos, mi boca de tus labios se sirvió.
Mientras me besabas, tu esencia absorbí provocando tu sueño,
provoque tu ira sin dejarla salir,
te encontrabas desesperado por de mis brazos conseguir huir.
Ahogaste tus gritos en mi pecho, desahogaste tu llanto en mis hombros,
depositaste tu larga cabellera sobre mi vientre y sin aliento te aferraste a mí.
Suplicaste mi perdón, no lo conseguiste.
Suplicaste que olvidara mi rabia, no lo lograste.
Mi dolor, fue olvidado;
tu perfume desapareció de mi olfato;
tus extremidades dejaron de aferrarse
y tu cuerpo bajo mis pies, titilante,
se desvaneció...
Olvide quien eras, quien fuiste, y quien pronto serás,
mi cuerpo se abalanzó al tuyo y mis colmillos tu sangre,
comenzaron a succionar.
De tu sangre me alimento, de tu piel me sirvo,
una manzana roja como, para endulzar la
victoria de lo ahora redimido...

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