Hace tiempo que no hacía un clima tan frío, es invierno pero el frío parece aún más intenso quizá sea por la falta de personas que desde hace ya algunos días han dejado de circular por estos lugares, el miedo se ha albergado en los que aún no han sido infectados, sólo Dios sabe qué es lo que sucede. Por las tardes, casi no hay movimiento y solo algunas personas se dejan ver por breves segundos después desaparecen y al cabo de un rato vuelven con raciones de comida enlatada, por las noches, gritos desgarradores se comienzan a oír, ladridos de perros que parecieran tener rabia, y personas con pasos torpes circulan las calles devorando a los “normales” que se encuentran a su paso.
Marnisha a comenzado a escribir una bitácora, pues espera que todo esto termine pronto y así poder regresar a casa y contar con exactitud lo que ve y lo que siente; pero las esperanzas se anulan cada día que transcurre pues pareciera que no sólo el invierno impide que las personas salgan si no también esos extraños seres de paso torpe que al caer la noche se hacen presentes por las calles de Estambul.
Todos estos días hemos permanecido temerosos en la posada, hemos cubierto y reforzado cada ventana y cada puerta, procuramos no comer demasiado para así hacer rendir la comida que estaba almacenada, por desgracia esta por terminarse. Ya no se escuchan los disparos ni las voces de los militares, o es que ¿acaso nos han abandonado ya? Las noches parecen ahora interminables, casi no podemos dormir por el miedo de ser sorprendidos por esos seres. Pocas son las veces que conseguimos ver por la ventana a alguna persona que tenga la misma situación que nosotros pero no tenemos tanto éxito para fraternizar, pues todos tenemos miedo y no hay en quien confiar. Ayer Jeremy me confirmó que en la casa de enfrente a nuestra posada hay tres personas que al parecer sufren lo mismo que nosotros, es difícil encontrar la forma de comunicarnos pues al menos de mi parte, me da miedo salir y ser devorada por esos seres que si bien puedo llamarlos de alguna manera, los llamaría “zombies” aunque parezca una palabra deschavetada y sacada de una película de acción pero por desgracia eso son. Por increíble que parezca, la ciencia ha llegado al punto de mezclar lo que antes era fantasía con el mundo real.
JEREMY: (Interrumpiendo la escritura de Marnisha) De alguna forma las raciones que hasta el momento hemos mantenido para nosotros, parecen agotarse, necesitamos salir y conseguir comida, de lo contrario…
MARNISHA: No pensemos en nada malo, y si, de alguna forma debemos salir y conseguir comida, pero… cuál será nuestra técnica. Tú y yo somos simples e insignificantes en comparación con el número de seres que circulan la ciudad.
JEREMY: Lo sé, apenas amanezca y el sol esté en lo alto iré a la casa de enfrente e intentaré persuadir a esas personas para que se unan a nosotros, quizá así consigamos sobrevivir…
Marnisha se pone de pie dejando a lado sus notas y comienza a buscar la forma de cruzar la calle a salvo para que Jeremy cumpla su hazaña, sin embargo no encuentra algo que le sea totalmente útil en caso de un contratiempo; Jeremy por su parte ha ido a dónde antes solía dormir y regresa con un arma, un revólver y una caja de proyectiles.
JEREMY: Si, esto debe ayudarnos un poco, la tengo hace tiempo, me la regaló mi padre.
MARNISHA: Tengo miedo Jeremy.
JEREMY: No temas, te cuidaré, lo prometo.
Jeremy al terminar de decir estas palabras noto un tono diferente al dirigirse a Marnisha, sabía que ya no era el habitual, de alguna forma este tiempo que han pasado juntos ha conseguido que él comience al sentir algo especial por la chica. Ha amanecido y es hora de salir y comenzar a admitir la realidad que los aqueja.
Jeremy ha puesto en alto el arma de su padre en tanto que Marnisha se arma con uno de los cuchillos de la cocina, antes de salir, el chico revisa por última vez la calle para cerciorase que los zombies ya se han retirado (hasta que caiga la noche por lo menos). No hay rastro alguno y hace una seña a su acompañante para que comiencen a salir, poco a poco salen y cierran la puerta. Con paso firme caminan hacia el otro lado de la calle cuando escuchan el ladrido de un perro que al unísono de su ladrido se avienta hacia Jeremy, breves son los instantes en los que Jeremy es atacado por ese animal de ojos rojos, colmillos afilados y un tanto podridos, el hocico babeante y espumoso, un estruendo se oye y el animal cae muerto junto a Jeremy. Marnisha no ha dejado de mirar, pero se ha quedado inmóvil y temerosa, ve que su acompañante esta a salvo, corre, lo abraza y comienza a llorar, sin embargo a los pocos segundos escuchan una voz insistente ¡Corran, por aquí! Miran hacia la casa de su rumbo y ven a un hombre de no menos de 50 años con una escopeta en mano que les hace señas de peligro. Los chicos corren hacia la dirección indicada por el hombre.
Una vez a salvo, dentro de su destino Jeremy confesó a Marnisha no haber disparado, entonces ambos cayeron en cuenta de que el hombre de antes los había vislumbrado y ayudado, aun conservaban el temor de hace unos instantes cuando una presencia se situó justo detrás de ellos provocándoles un fuerte espasmo temeroso. Jeremy volteó bruscamente apuntando sin vacilar pero se detuvo y bajo el arma cuando descubrió que su agresor era una adolescente de no más de 15 años, él estaba seguro de que ella no vivía en ese lugar pues jamás la había visto, quizá ella se ocultaba como él y Marnisha de los seres monstruosos. La joven los guio entonces hasta donde estaba el hombre que ya antes los había ayudado, era su padre:
LAILA: Él es mi padre Ulfrido, y la mujer de allá mi hermana Haideé.
ULFRIDO: ¿Cómo se les ocurre salir de la nada a las calles tan inhóspitas? Ya nada es seguro, quien sabe, quizá lo más probable es que todos muramos y nadie sepa más de nosotros. Espero que él animalejo aquél no les haya hecho daño.
MARNISHA: Afortunadamente no señor, gracias por su ayuda, nosotros estamos agradecidos.
JEREMY: Gracias, nos fue de gran ayuda, y si nos arriesgamos de esa forma fue porque nos habíamos dado cuenta de su presencia y queríamos saber si ustedes quisieran unirse a nosotros y conseguir salir de esta ciudad a salvo, nosotros hemos perdido todo, solo nos tenemos el uno al otro y sé que si ustedes aceptan mi propuesta, podremos salir de aquí.
ULFRIDO: Nos gustaría de verdad, pero por desgracia nosotros hemos suspendido por este tiempo nuestra huida, pues mi hija Haideé no goza de buena salud, hace tiempo los médicos nos dijeron que ella moriría de una u otra manera y nos es algo complicado poder continuar.
Hace ya tiempo a Haideé se le detecto una enfermedad que ocasionaba que su cuerpo por largo momentos se pusiera rígido, expidiendo un sudor extraño del que los médicos no encontraban composición alguna, no había registros de su enfermedad y por ende tampoco se sabía de alguna cura. La madre de Haideé al parecer era la que tenía la enfermedad y ésta fue heredada a su hija, en cuanto ella nació la madre murió.
El día entero los ahora nuevos compañeros Jeremy y Ulfrido, charlaron, intentando hacer una buena estrategia para conseguir llegar al centro de la ciudad en la que por suerte y según Ulfrido había personas sanas, el objetivo ya estaba presente, pero era un largo y peligroso trayecto. En tanto, Laila mostraba a Marnisha un viejo radio que los había acompañado en este martirio, intentando sintonizar, una noticia desconcertó a todos en la habitación, una transmisión cruzó señal con el radio de Laila, parecía por los defectos de sonido, venir de un camión militar…

No hay comentarios:
Publicar un comentario