agosto 17, 2012

Dead's Winter. CAPITULO II. Parte I

El viento soplaba fuertemente y venía acompañado con una brisa helada. Poco a poco la temperatura de la tierra empezaba a descender por la entrada al invierno. En las calles, se venían andando los cuerpos de muchas personas que caminaban con pasos torpes. Los límites de la ciudad estaban resguardados por grandes alambrados, los cuales no permitían el acceso o salida del lugar. Desde hacía un par de días, los disparos con armas de fuego no dejaban de detenerse. El caos había tomado por completo la ciudad, el canibalismo se había presentado en aquellas personas que habían sido sometidas a unas pruebas médicas, y todo, por llevar adelante la medicina genética.

Vladimir no podía creer lo que estaba pasando, tenía muchas esperanzas con los avances que los científicos Turcos estaban logrando. Pero más aun, se sentía culpable por haber involucrado a Ricardo. No entendía que es lo que trataba de hacer el doctor Harish, se pudo dar cuenta que el doctor sabía las consecuencias de la nueva medicina que estaba creando, pero aun así, siguió con su investigación. Marie y Nicolás miraban por las ventanas, tratando de ver como estaba el panorama a su alrededor. Vladimir permanecía sentado en una mesa del rincón, tratando de concentrarse con todo lo que estaba pasando, sabía que tenía que salir de ahí como diera lugar. Marie volteo a ver a Vladimir y camino hacia donde se encontraba. Coloco una mano sobre su hombro.

MARIE: Tranquilízate, encontraremos una solución a esto – Y esbozo una sonrisa.
VLADIMIR: Pero me siento culpable por…
MARIE: Ricardo, te aseguro que él está bien. Además, él fue uno de los primeros que se dio cuenta de lo que pasaba en las instalaciones de GENEVA, así que seguramente tomo las medidas adecuadas.

Vladimir asintió con un movimiento de cabeza y se puso de pie para caminar hacia la ventana. Nicolás permaneció serio mientras veía como Marie y Vladimir se acercaban. Afuera, los cuerpos de los pacientes continuaban andando por todas las calles, ya casi no había rastros de los soldados que resguardaban las salidas de la ciudad. Poco a poco fueron cesando los disparos por toda la ciudad, al parecer, ya se estaban retirando.

VLADIMIR: ¿Qué has podido observar, Nicolás?
NICOLÁS: Al parecer los soldados se han marchado, pero aun escucho algunos disparos que provienen del otro lado de la ciudad.
MARIE: ¿Has podido ver a alguien más... que este refugiado como nosotros?
NICOLÁS: Hasta ahora no – contesto Nicolás exhalando.
VLADIMIR: Bueno, lo que necesitamos ahora es conseguir más víveres y si podemos, conseguir algún arma. Después, trataremos de encontrar una manera de salir de ciudad.

Los pacientes aun seguían caminando por doquier, algunos incluso, llevaban aun las batas del laboratorio manchadas con sangre. Vladimir se puso de pie, se dirigió a la mesa y la alzo para colocarla en medio del cuarto, después, cogió el mapa que traía en su mochila y lo extendió en toda la mesa.

VLADIMIR: Bueno, nosotros nos encontramos en este punto. Necesitaríamos trasladarnos hasta este lado de la ciudad, justo a un lado de la estación de policía. Ahí podríamos encontrar armas para poder protegernos.
NICOLÁS: ¿Y cómo piensas llegar hasta allá? Ya has visto lo que les sucedió a los soldados que viajaban en el camión.
MARIE: Lo más conveniente sería conseguir un vehículo grande. Lo malo es que no he podido ver ninguno desde que llegamos al hotel.
NICOLÁS: ¿Y el camión de los soldados?
VLADIMIR: Exacto, tendríamos que tomarlo para poder llegar del otro lado de la ciudad.

Marie y Nicolás hicieron un movimiento de cabeza. Ya tenían un plan, ya solo faltaba tratar de llevarlo a cabo. Nicolás y Marie se apartaron de la ventana y empezaron a buscar sus cosas para salir. Marie había vaciado una máquina expendedora de golosinas para poder obtener algunas bolsas con alimentos secos y chocolate, pues sabía bien que el chocolate y las nueces proporcionaban una buena fuente de energía. También, llevaba algunas botellas de agua embotellada y un kit de primeros auxilios. Nicolás puso sacar un par de linternas, y desde luego, su confiable navaja multiusos. Vladimir, al ser el último en salir, solo pudo llevarse con él un par de radios de onda corta, unos binoculares y algunos mapas de la ciudad. Sabían que no tenían mucho pero con eso podrían sobrevivir un par de días. Nicolás inspecciono por última vez la habitación, tratando de encontrar algo que les fuera útil pero no encontró nada. Ya listos para salir, Vladimir regreso a la ventana a dar un último vistazo para ver la distancia de donde se encontraba el camión del ejército con respecto al hotel. Sabía que sería difícil llegar, ya que las calles estaban llenas de pacientes pero tendrían que encontrar la manera de hacerlo.

Ya todos se encontraban listos con sus mochilas, Nicolás abrió lentamente la puerta y miro para ver si no había nadie alrededor. Al no ver ninguna señal de vida, salieron muy despacio de la habitación y empezaron a dirigirse al vestíbulo. Se encontraban en el piso quinto, por lo cual tendrían que bajar por las escaleras para no llamar mucho la atención. Lentamente iban bajando tratando de ver con detalle por donde pasaban para ver si encontraban algún objeto contundente que les sirviera de arma. Cuando casi llevaban al vestíbulo, escucharon los gemidos de algunas personas, lo más probable es que hayan sido pacientes. Nicolás, quien se encontraba delante de los demás, detuvo a los otros y miro con detenimiento su alrededor. Vio a tres pacientes caminando por la recepción, chocando con todo. Después, miro alrededor para ver si encontraba algo que les sirviera y cuando miro hacia la chimenea, vio que arriba de ella se encontraban dos espadas cimitarras. Esas espadas representaban un milagro al ver en el peligro en el que se encontraban.

NICOLÁS: Vladimir, necesitamos tomar esas espadas que se encuentran sobre la chimenea. Necesito que me ayudes a llegar hasta allá para conseguirlas.
VLADIMIR: Entiendo, pero, ¿Cómo le hacemos para pasar por en medio de los pacientes?

Nicolás se quedo en silencio por unos segundos y vio que al final de las escaleras, había un cesto donde colocaban las sombrillas y en ella había una sombrilla y un bastón.

NICOLÁS: Vladimir, al bajar cogerás el bastón para protegerte, mientras que yo tratare de llegar a la chimenea para tomas las espadas.

Vladimir asintió con un movimiento de cabeza. Ambos se despojaron de sus mochilas y cuando estuvieron listos, Nicolás le hizo una señal y bajaron rápidamente las escaleras. Nicolás paso rápidamente por detrás de un paciente y Vladimir tomo el bastón que se encontraba en el cesto. Vio como un paciente con la bata desgarrada y empapada en sangre se le acercaba. Tomo el bastón fuertemente con ambas manos y le propino un golpe duro a la cabeza del agresor, lo que provoco que el bastón se rompiera. El paciente soltó un lastimero gemido y callo chocando contra la barra de la recepción. Los otros dos, voltearon a ver a Nicolás y se le empezaron a acercar con las manos desgarradas por delante. Nicolás había llegado hasta la chimenea pero no podía zafar las espadas, pues estaban muy bien sujetas a la pared. Cuando volteo a ver sobre su hombro, un paciente se encontraba a no más de 30 centímetros de él, por lo que volteo y le dio una patada en el estomago para alejarlo. La patada solo hizo que el paciente diera unos cuantos pasos hacia atrás, pero aun continuaba caminando hacia él. El otro paciente, sujeto con sus manos el cuello de Nicolás y poco a poco se le acercaba para morderlo, pero antes de que llegara a hacerlo, Vladimir con el pedazo de bastón que tenia y se lo incrusto en la parte posterior al agresor de Nicolás. La criatura soltó a Nicolás y se desplomo hacia atrás, mientras empezaba a hacer un pequeño charco de sangre. Nicolás continúo tratando de soltar las espadas y con un leve sonido, las espadas cedieron y Nicolás tomo una con fuerza y lanzo un golpe en contra del primer agresor. Se escucho unos golpes secos cuando la cabeza del paciente caía contra el suelo y daba unos leves rebotes, después, el cuerpo empapado en sangre cayo sin más. Nicolás respiraba agitadamente mientras veía los cuerpos de los pacientes sobre toda la recepción. Volteo a ver a Vladimir y observo cómo se encontraba algo paralizado, sabía que Vladimir no era del tipo de personas que había participado en muchas peleas, pero supo que podía con eso.

Marie bajo las escaleras con las mochilas en mano y vio toda la recepción empapada en sangre y los cuerpos regados. Se sentía muy asustada pero también, aliviada al saber que Nicolás y Vladimir estaban a salvo. Nicolás recogió la otra espada que había caído y se la entrego a Vladimir. Ambos esperaron un poco mientras sus respiraciones y ritmo cardiacos se estabilizaban nuevamente, sabían que este había sido el primero de muchos más enfrentamientos que tenían que pasar para poder salir de esa pesadilla. Solo esperaban poder seguir adelante.

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La vida es algo que a todos se nos ha consedido, aunque jamas se valora, la vida para mi es un obsequio, un humano para un no humano, interesante forma que tengo de ver esta situación;muero y ahora vivo, me engrandesco con tu vida y vivo porque de tu sangre me alimento...