Hoy volví a pensarte y las aguas profundas del corazón roto volvieron a brotar, intenté gritar y sacar todo lo que está dentro de mí, simplemente no lo conseguí. Al pensarte recordé todo aquello que pasamos, esos días en los que la alegría reinaba y se manifestaba en una sola mirada, como arte de magia todo aquello se desvaneció.
En mi mente todo se fue borrando y convirtiendo en el recuerdo de un breve sueño, comencé a olvidarte. Y tu ayudaste a mi cometido al pasar de la mano de quien ahora es tu presente, me convertí en tu pasado y sin mas, en la sombra casi imperceptible de lo que alguna vez sentiste. En el fondo deje de sonreír, deje de mirar con esperanza, me limité a solo asentir con pequeños movimientos, mi cuerpo no pertenecía. Caminé sin rumbo y me perdí entre las cuatro paredes de mi habitación. No sabía con quien hablar, en quien confiar, encontré a alguien con quien pensé jamás hablar, me encontré con la soledad.
Respirar era difícil, cada segundo me inundaba de recuerdos; la garganta dolía. Y dolía aun mas cuando los niños por ti preguntaban, ver tu lugar vacío, encontrar el tiempo de sobra, de cuatro nos convertimos en tres y al verlos sin mas, descubrí que en mi camino había dos motivos por los que me tenía que poner de pie, aferrarme a continuar e intentar olvidar. Mis hijos, mi destino, los únicos que me acompañan día a día y que se aferran a mi. Por ellos volví a sonreír.
Solté la mano que me ayudó a caminar un tiempo, me acostumbré a estar sola, a mirar a mi lado y no encontrar a nadie, me acostumbré a callar, a hundirme en mis pensamientos. Me acostumbre a ver la puesta del sol y llorar mientras la luna iluminaba la ventana. Me dí cuenta de mi realidad, de tus mentiras y de mi simple fantasía; al final, no era yo la especial.
Cambiaste tu camino incluso tu razón para sonreír. Estoy feliz por ti, porque si alguna vez te ame, hoy por siempre te puedo dejar ir.


