octubre 29, 2012

La Batalla final Capítulo I. Parte II

-No se porqué te espero, si bien se, que no vendrás-

¿Qué tanto pudieron arriesgarse de no haber conseguido sobrevivir? La muerte los hubiera alcanzado y la eternidad que se les ofreció  de nada les hubiera ayudado.
La gracia física se hacía cada vez más evidente y Dios comenzó a envidiarla. No concebía que hubiera “humanos” con tal belleza y conocimiento, temía una nueva rebelión. Pero mientras el Dios de luz buscaba la forma de condenarlos, desde los adentros infernales Sekhmet se hacía de un nuevo ejército bestial en vista de que sus primeras creaciones la habían olvidado.

Grandes y hermosos castillos se convirtieron en la morada de estos emblemáticos seres, guardando secretos mil en su interior y creando historias al exterior; historias que, muchas veces, tan alejadas o tan acertadas a lo que ellos imponían.

Una noche, un cazador decidió buscar su presa, para dar la sorpresa a su mujer por la mañana. La noche tan oscura que solo la flama de su antorcha conseguía alumbrar diminutas secciones del bosque. Encontró a su presa y se dispuso a lanzar su flecha, algo lo detuvo ó mejor dicho por algo se detuvo; sintió de pronto un escalofrió que lo paralizó completamente y ante sus ojos una neblina muy densa se comenzó a formar, apenas consiguió ver cuando percibió la silueta de un murciélago; del tipo de los vampiros para ser exactos, sus nervios se calmaron un poco pero su estremecimiento continuaba; solo un parpadeo basto para que el vampiro tomara forma humana, una mujer hermosa vestida con una seda roja que entallaba su figura; sus ojos penetraron en los del cazador, este quedo hipnotizado cediendo a los placeres de aquel ser, la mujer lo sedujo hasta llegar al clímax  sexual, en el que ella cambió completamente, sus ropas se rasgaron de la parte de la espalda y unas alas oscuras brotaron, los ojos se le dilataron y brillaron con mayor intensidad, su perfecta mandíbula se rompió dejando ver uno colmillos tan blancos que parecían resplandecer. Entre sus brazos tomó la vida de aquel mortal, erróneo, lo dejo vivo para que su experiencia pudiera contar a los suyos para después conseguir ser de los seres mas temidos. El dolor en su carne fue intenso, nauseabundo, la víctima perdió el conocimiento mientras que la bella doncella se alejaba.

Al despertar miró a su alrededor y ya era de mañana, desconcertado y fuera de sí volvió a casa, no se sentía bien y apenas miró a su mujer y en sus brazos cayó, ella como pudo, lo levantó y lo llevó a su cama y preocupada corrió por el médico del pueblo; cuando regresó el cazador presentaba una fiebre intensa, su cuerpo temblaba al tiempo que una pequeña capa de sudor cubría su cuerpo, fuertes escalofríos lo abrazaban, sus pupilas se dilataron y las venas de sus ojos parecían explotar, no podía controlarse, miró fijamente al doctor y exclamo: “tengo sed”, fue entonces que tomó al hombre del cuello y se abalanzó hacia él, lo miró nuevamente y sin pensarlo, mordió el cuello del doctor que se quejaba y quería gritar, pero sus intentos se opacaron cuando el cazador comenzó a beber de la sangre que brotaba, pronto dejó sin aliento al doctor y éste murió. Mientras aquello sucedía, su mujer se había apañado en una de las esquinas de la habitación, tan horrorizada que ninguna palabra conseguía articular; su esposo había enloquecido, pensó, pero al igual que al doctor, su pensamiento se vio interrumpido cuando su cuello quedó entre la mandíbula del loco, que bebió hasta saciarse y por fin reaccionó, miró el desastre que había ocasionado, se atemorizó y salió corriendo internándose de vuelta en el bosque. Pronto se encontró en un claro, tan bello y caminó hacia él, pero la luz era intensa y apenas consiguió soportarla; se dejo caer de espaldas al cielo y pronto se quedo dormido.

No pasó mucho tiempo cuando en sus sueños volvió a ver a aquella hermosa mujer de la noche anterior, pero era otra época, otro tiempo; vio como la mujer recibía en sus manos un collar de oro con una gran piedra azul en el centro al tiempo que, borrosamente, un anciano pronunciaba unas palabras, en otro idioma quizá. Todo parecían sombras alrededor de la chica pues en su entorno aparecía más gente. Sintió calor y con un suspiro todas aquellas imágenes se esfumaron y el cazador despertó. “Sabes ya mucho” escuchó una suave voz, “no puedes continuar, no, eres un simple humano”. Entonces en su espalda sintió un fuerte golpe que apagó su cortada respiración y aun estando de espaldas al cielo, comenzó a sentir la humedad de un fluido debajo de sí, intentó ponerse de pie pero no lo logro al contrario solo pudo distinguir el carmesí de su sangre y ahí murió…

Aquellos tiempos eran tan cruciales, tiempos en los que las aves eran las únicas cortadoras de las melodías pero la antesala del arte en un solo lugar se alojaba: la oscuridad. Los mejores músicos, los mejores pintores, los más exóticos poetas, los agraciados de la belleza sobre humana, los poseedores de las habilidades más refinadas. Los portadores de la real sangre azul. Aunque divididos en diferentes familias y clanes, cada uno de los oscuros sobresalía en el ámbito que se les imponía. Conocedores milenarios y dueños de grandes e incontables riquezas. Gobernantes de las grandes urbes. Más que seres nocturnos y temidos en alguna época, comenzaron a ser apreciados, todos los hechos anteriores – asesinatos, cuerpos de los humanos inertes y sin sangre; desapariciones, hermosas mujeres cautivadas por galantes hombres y desaparecidas para jamás volver – todo ahora para los mortales significaba un cuento o mejor dicho, leyendas en tanto que para los vampiros todo quedaba en secreto para su comodidad.

Que vida de siglos comenzaron a crear y sus víctimas de una u otra forma silenciadas, nadie imaginaría que entre tanta belleza y porte se ocultaran misterios aterradores. Pero todo cambiaría cuando una nueva raza sobrehumana  decidió aparecer o mejor dicho, decidió darse a conocer…

octubre 15, 2012

Dead´s winter. CAPÍTULO IV Parte I

Comieron un poco los nuevos integrantes del grupo, pero Marie no probó bocado hasta que después de que Vladimir le pidió revisara a Haideé. Un diagnóstico poco favorable y temible.
A la visión de Marie, se encontraban en medio de un problema, la joven presentaba los mismos síntomas que los pacientes con los que estuvieron y dudaba mucho que Ulfrido y los otros lo supieran, debía decirles, pero ¿cómo?, llamó a Vladimir y le comentó un poco en secreto el veredicto de la revisión. Vladimir regreso a la mesa.

VLADIMIR: Hay algo muy importante que se me paso contarles. Cuando empezamos a aplicar la cura a algunos pacientes, estos mostraron diversos síntomas. Pero los más parecidos fueron: Perdida de la memoria, debilidad al caminar, pérdida de fuerza… - tomo un poco de aire – aumento de temperatura y el síntoma final… la muerte.

Laila empezó a ponerse nerviosa y dijo con una voz entrecortada:

LAILA: Papá… esos son los mismos síntomas que Haideé ha estado presentando…
ULFRIDO: Eso quiere decir… que mi Haideé…

El plan estaba dado, justo antes de que Marie hiciera su diagnóstico sobre Haideé, los hombres habían dialogado sobre la situación y decidieron que antes de hacer nada, debían armarse; el objetivo: buscar armas de la estación de policía que se encontraba no muy lejos
Ya había caído la noche, a fuera: gritos, gemidos, dolor inundaban la atmósfera nocturna. Los sobrevivientes ya se habían acostumbrado a ello y conseguían dormir un poco, sin embargo; aquella noche no significaba lo mismo para Ulfrido, ni siquiera para Laila que no dejaba de sollozar por la condición que presentaba su hermana. En la mente de Ulfrido las ideas se enredaban en las ramas de la culpa y la inestabilidad sentimental. Por momentos volvía a pensar en su esposa.

Amaneció – por fin la noche eterna de Ulfrido y Laila terminaba para dar lugar a los nuevos días que seguro serían mas duros de lo que ya lo eran – fríamente calló la mañana y se respiraba un ambiente tan denso, nostálgico y de temor por parte de todos. Era hora de continuar con los planes ya establecidos y no había marcha a tras.

JEREMY: Es tiempo de salir, Vladimir, Nicolás, no hay tiempo que perder.
NICOLÁS: - Con mirada dudosa – Ulfrido, confiamos en usted para que cuide de las chicas.
MARIE: Cuídense por favor – aparentemente se dirigió a todos, sin embargo en su mirada se notaba que en realidad se dirigía a Vladimir, en particular – Los estaremos esperando.

Los hombres no vacilaron más y tomaron marcha, decididos y valerosos a enfrentar todo lo que se les pudiera presentar, pero los tres desconocían que es lo que realmente enfrentarían…
Apenas salieron del edificio y el sol, a pesar de ser invierno, radiaba pero sin calentar, comenzaron a tiritar de frío pero aun así, sus esperanzas de salir de la ciudad con vida, los alentaron a continuar. A penas se alejaron un poco del edificio cuando de otro establecimiento (lo que aparentaba ser la tienda en la que ya antes Jeremy había ido a juntar provisiones) comenzaron a salir una serie de esos seres “zombies” ya antes nombrados. Con su ya clásico caminar torpe, comenzaron a rodear a los otros tres. Una espada, un rifle y una pistola, comenzaron a luchar, pero eran bastantes, un número incontable quizá. Vladimir, blandeó su espada con un arte similar al esgrima, cortando con ella los miembros de los zombies, sin embargo, de nada servía, ellos continuaban en pie, el doctor – Vladimir – no explicaba ese cambio en la resistencia de aquellos no muertos. Nicolás, comenzó a tomar práctica con el rifle, tirando a los cuerpos de los zombies, pero no conseguía deshabilitarlos, no, hasta que Jeremy afirmó que debían dar en el centro del cerebro, no vacilaron con lo que el joven aseguró, y comenzaron a disparar y a introducir la espada en los cerebros de los sujetos, pero eran tantos que las municiones comenzaron a agotarse, si no pensaban en algo rápido, todo habría terminado…

Rodeados, sin salida aparente hasta que a Vladimir se le ocurrió lo que ya antes en GENAVA había aplicado, de alguna manera, pasarían sobre ellos. Decidió que debían derribar a unos cuantos frente de ellos para poder formar una pila de “muertos” y así conseguir quedar por arriba, lo consiguieron, y corrieron torpemente por encima de esas cabezas que apenas percataban que algo pasaba arriba de ellas, la ventaja, eran aun torpes aquellos zombies. Libraron su barrera, y saltaron para después continuar corriendo, pero en su salto, Jeremy se lastimo la pierna, y ahora cojeaba sin detenerse, no reparó en el dolor que sentía pues sus músculos aun estaban calientes. Al llegar a la estación, fue cuando sintió como un hormigueo de dolor le recorría la pierna, tanto que se vio obligado a recargarse en los restos de un sillón para poder recobrar aliento. Mientras Jeremy descansaba al tiempo de que vigilaba que los zombies no apareciesen, Nicolás y Vladimir fueron en busca de las armas, las encontraron, tomaron cuantas pudieron así como municiones, parecían soldados que van directo a una guerra en la que deberán dar el todo por el todo. Tanta variedad la que encontraron que ahora Vladimir vio inservible su espada. Regresaron con Jeremy, se sorprendieron ya que de su pierna un hilillo de sangre corría.

NICOLÁS: ¿Todo bien Jeremy? ¿Te lo hicieron ellos, cierto?
JEREMY: Si, solo duele, ¿creen que es peligroso?
NICOLÁS: No lo se, no sé que tan grave resulte esa herida, veré si aquí hay algún botiquín para curarla, espero no nos lleve a más.
VLADIMIR: Déjame ver, necesito ver la gravedad. – revisó la herida, era pequeña y no parecía guardar indicios de los fluidos de algún zombie. Nicolás regresó con éxito y le dio el botiquín – Limpiaré con alcohol, te arderá un poco, pero será una forma de evitar una posible infección.
JEREMY: No mientan – miró de reojo a sus compañeros - ¿es grave? ¿Me convertiré en uno de ellos?
VLADIMIR: No lo sé, nuestros diagnósticos indican que debe existir contacto directo entre los fluidos, y en ti no parece haber ese contacto – movió negativamente la cabeza – no puedo afirmar nada.
NICOLÁS: Necesitamos irnos, una vez a salvo revisaremos con calma tu herida.

Salieron los tres de la estación bien armados, Nicolás y Vladimir decididos como siempre pero el semblante de Jeremy mantenía una preocupación existencial ¿y si era malo?

Mientras, las chicas aguardaban a los tres, Marnisha presentía que no todo andaba bien pero era un sentimiento que no podría explicar a nadie más, en tanto Marie alentaba a Ulfrido y su hija a continuar sin retroceso sobre la condición de Haideé, aunque tenía una idea en mente, escabechada para los momentos tan cruciales que estaban viviendo, regresar a los laboratorios, y buscar la forma para llevar a cabo los estudios pertinentes y determinar el por qué Haideé a pesar de estar infectada, no había reaccionado como los otros experimentos. Marie no sabía si sus ideas estaban bien, o era la desesperación la que hablaba y no la razón.

Un poco de mi

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La vida es algo que a todos se nos ha consedido, aunque jamas se valora, la vida para mi es un obsequio, un humano para un no humano, interesante forma que tengo de ver esta situación;muero y ahora vivo, me engrandesco con tu vida y vivo porque de tu sangre me alimento...