¿Qué tanto pudieron arriesgarse de no haber conseguido sobrevivir? La muerte los hubiera alcanzado y la eternidad que se les ofreció de nada les hubiera ayudado.
La gracia física se hacía cada vez más evidente y Dios
comenzó a envidiarla. No concebía que hubiera “humanos” con tal belleza y
conocimiento, temía una nueva rebelión. Pero mientras el Dios de luz buscaba la
forma de condenarlos, desde los adentros infernales Sekhmet se hacía de un
nuevo ejército bestial en vista de que sus primeras creaciones la habían
olvidado.
Grandes y hermosos castillos se convirtieron en la morada de
estos emblemáticos seres, guardando secretos mil en su interior y creando
historias al exterior; historias que, muchas veces, tan alejadas o tan acertadas
a lo que ellos imponían.
Una noche, un cazador decidió buscar su presa, para dar la
sorpresa a su mujer por la mañana. La noche tan oscura que solo la flama de su
antorcha conseguía alumbrar diminutas secciones del bosque. Encontró a su presa
y se dispuso a lanzar su flecha, algo lo detuvo ó mejor dicho por algo se
detuvo; sintió de pronto un escalofrió que lo paralizó completamente y ante sus
ojos una neblina muy densa se comenzó a formar, apenas consiguió ver cuando
percibió la silueta de un murciélago; del tipo de los vampiros para ser
exactos, sus nervios se calmaron un poco pero su estremecimiento continuaba;
solo un parpadeo basto para que el vampiro tomara forma humana, una mujer
hermosa vestida con una seda roja que entallaba su figura; sus ojos penetraron
en los del cazador, este quedo hipnotizado cediendo a los placeres de aquel
ser, la mujer lo sedujo hasta llegar al clímax
sexual, en el que ella cambió completamente, sus ropas se rasgaron de la
parte de la espalda y unas alas oscuras brotaron, los ojos se le dilataron y
brillaron con mayor intensidad, su perfecta mandíbula se rompió dejando ver uno
colmillos tan blancos que parecían resplandecer. Entre sus brazos tomó la vida
de aquel mortal, erróneo, lo dejo vivo para que su experiencia pudiera contar a
los suyos para después conseguir ser de los seres mas temidos. El dolor en su
carne fue intenso, nauseabundo, la víctima perdió el conocimiento mientras que
la bella doncella se alejaba.
Al despertar miró a su alrededor y ya era de mañana,
desconcertado y fuera de sí volvió a casa, no se sentía bien y apenas miró a su
mujer y en sus brazos cayó, ella como pudo, lo levantó y lo llevó a su cama y
preocupada corrió por el médico del pueblo; cuando regresó el cazador
presentaba una fiebre intensa, su cuerpo temblaba al tiempo que una pequeña
capa de sudor cubría su cuerpo, fuertes escalofríos lo abrazaban, sus pupilas
se dilataron y las venas de sus ojos parecían explotar, no podía controlarse,
miró fijamente al doctor y exclamo: “tengo sed”, fue entonces que tomó al
hombre del cuello y se abalanzó hacia él, lo miró nuevamente y sin pensarlo, mordió
el cuello del doctor que se quejaba y quería gritar, pero sus intentos se
opacaron cuando el cazador comenzó a beber de la sangre que brotaba, pronto
dejó sin aliento al doctor y éste murió. Mientras aquello sucedía, su mujer se
había apañado en una de las esquinas de la habitación, tan horrorizada que ninguna
palabra conseguía articular; su esposo había enloquecido, pensó, pero al igual
que al doctor, su pensamiento se vio interrumpido cuando su cuello quedó entre
la mandíbula del loco, que bebió hasta saciarse y por fin reaccionó, miró el
desastre que había ocasionado, se atemorizó y salió corriendo internándose de
vuelta en el bosque. Pronto se encontró en un claro, tan bello y caminó hacia
él, pero la luz era intensa y apenas consiguió soportarla; se dejo caer de espaldas
al cielo y pronto se quedo dormido.
No pasó mucho tiempo cuando en sus sueños volvió a ver a
aquella hermosa mujer de la noche anterior, pero era otra época, otro tiempo;
vio como la mujer recibía en sus manos un collar de oro con una gran piedra
azul en el centro al tiempo que, borrosamente, un anciano pronunciaba unas
palabras, en otro idioma quizá. Todo parecían sombras alrededor de la chica pues
en su entorno aparecía más gente. Sintió calor y con un suspiro todas aquellas
imágenes se esfumaron y el cazador despertó. “Sabes ya mucho” escuchó una suave
voz, “no puedes continuar, no, eres un simple humano”. Entonces en su espalda
sintió un fuerte golpe que apagó su cortada respiración y aun estando de
espaldas al cielo, comenzó a sentir la humedad de un fluido debajo de sí,
intentó ponerse de pie pero no lo logro al contrario solo pudo distinguir el
carmesí de su sangre y ahí murió…
Aquellos tiempos eran tan cruciales, tiempos en los que las
aves eran las únicas cortadoras de las melodías pero la antesala del arte en un
solo lugar se alojaba: la oscuridad. Los mejores músicos, los mejores pintores,
los más exóticos poetas, los agraciados de la belleza sobre humana, los
poseedores de las habilidades más refinadas. Los portadores de la real sangre
azul. Aunque divididos en diferentes familias y clanes, cada uno de los oscuros
sobresalía en el ámbito que se les imponía. Conocedores milenarios y dueños de
grandes e incontables riquezas. Gobernantes de las grandes urbes. Más que seres
nocturnos y temidos en alguna época, comenzaron a ser apreciados, todos los
hechos anteriores – asesinatos, cuerpos de los humanos inertes y sin sangre;
desapariciones, hermosas mujeres cautivadas por galantes hombres y
desaparecidas para jamás volver – todo ahora para los mortales significaba un
cuento o mejor dicho, leyendas en tanto que para los vampiros todo quedaba en
secreto para su comodidad.
Que vida de siglos comenzaron a crear y sus víctimas de una
u otra forma silenciadas, nadie imaginaría que entre tanta belleza y porte se
ocultaran misterios aterradores. Pero todo cambiaría cuando una nueva raza sobrehumana decidió aparecer o mejor dicho, decidió darse
a conocer…

