La corte sentenció a muerte a Ixtec, pero no podían proceder hasta que no
llegara Bacum-toctem, pero los meses pasaron y el gobernador no llegaba en
tanto, Ixtec comenzó a engendrar a esa creatura que yacía en su vientre,
lamentando cada noche el engaño que provocó a su marido, deseaba no haberlo
hecho, pero su sangre fría le impedía pensar en todos aquellos sentimientos que
podrían confundirla. Ixquic por su parte moría de furia por no poder hacer algo
en contra de la traidora de su madre y de lo impuro que en ella comenzaba a
crecer. Sin embargo la justicia se hacía más presente conformo los meses
pasaron y se le llegó la hora de dar a luz y de ella nació otra niña de piel
morena a la que llamó Malitché. Ixquic deseaba asesinar a aquella creatura pero
no lo podía hacer; llegó entonces su padre de la batalla y ante tal traición,
ordenó muerte inmediata a su infame esposa y desterró a la Malitché, que ante
su destierro, unos ancianos la acogieron y la cuidaron como hija propia. Fue
entonces que las noches comenzaron a ser más oscuras y de un terror penetrante
ya que ahora Ixquic habría de ocupar el lugar de su madre en el trono de los
gobernantes como siempre lo había deseado desde aquel momento en que conoció su
origen. Se convirtió entonces en la gobernadora, pero deseaba aún más poder y
sin importarle nada, sedujo a su propio padre y se envolvió en sus brazos, se
entregó a él y por vez primera conoció la encarnación de dos cuerpos y la
conjugación de dos almas, fue entonces que Ixquic consiguió subir al trono como
reina dejando de ser aquella princesa heredera, y apenas lo tocó, asesinó a su
padre y comenzó a reinar, de este acto sobre asesinato y poder nació un niño,
hermoso de piel canela y radiante que vio la luz justo al inicio de esta era.
Ixquic lo llamó como su padre Bacum, pero su amor no solo lo llevó en el
nombre, si no físicamente era idéntico.
Bacum siendo un niño amaba a su
madre, cuidaba de ella y le ayudaba a reinar, pero con forme crecí aprendió la
estrategia para gobernar y de su madre aprendió aquella frialdad para ordenar.
Se convirtió en un príncipe de enorme elegancia.
Una noche Bacum decidió caminar
por sus dominios hasta llegar a un espeso claro en medio de la selva y justo
ahí se encontró con una anciana, la miro mientras aquella vieja bajaba la
cabeza en son de respeto por el príncipe; mientras esto ocurría la luna reflejo en los ojos del joven la silueta de
una mujer madura pero bella quizá 20 años mayor a él y sin embargo el joven
príncipe preguntó a la anciana por aquella mujer, “Malitché es su nombre, mi
señor” dijo la anciana al tiempo en que Malitché se llenaba de temor justo cuando Bacum la
tomó del brazo y la obligó a satisfacer lo que en ese momento en él surgió,
aquel claro fue testigo de una forma nueva que tomó una mujer. Los ojos oscuros
de Bacum se tornaron violetas (como los ojos de Ixquic, su madre) mientras que
su vago cuerpo comenzó a crujir y a desgarrar sus ropas, pronto todo un
gobernante paso a verse como el demonio que la gente del pueblo ya había
comenzado a describir: de colmillos grandes y blancos, de piel canela y cuerpo
robusto, con labios pálidos y mirada fija. El chico se landó a Malitché y por
instinto la mordió, la impura sintió un dolor en el pecho y sin poner
resistencia, su cuerpo también cambió, algo que ambos no entendieron pero
cuando el acto sexual terminó, juntos,
en medio del vínculo que habían creado, se dirigieron al palacio y se
encontraron con Ixquic. Apenas la madre los vio y se dio cuenta de quién era aquella mujer que acompañaba a su
hijo, Malitché, la bastarda que había engendrado su madre, no resistía y sin
embargo los dejó continuar brindándole a aquella mujer el beneficio de la duda,
pero en medio de su desconfianza, jamás permitió a su hijo llegar a ser más que
un príncipe.
El tiempo comenzaba a correr y en
medio de la sabiduría heredada por los ancestros, y las predicciones de los
sabios de su corte Ixquic comenzó a escribir diversos documentos que revelaban
los orígenes de esta raza inmortal así como las posibles formas de
exterminarla; presentía algo, sentía la traición muy cerca y apenas terminó sus
documentos y los envió ocultar en los alrededores, en los templos más
representativos de la cuidad; pero el manuscrito, el más importante lo depositó
personalmente en un cenote, al fondo de aquella agua cristalina y
reflejante en medio del atardecer.
Después y bajo una ola de engaños y amenazas Ixquic convenció a Bacum de que
era engañado por Malitché y él, cegado por la firme convicción de su madre dejó
a su mujer, no la asesino pues la amaba pero le exigió abandonara la ciudad,
sin precedentes y sin siquiera dejarla hablar, Malitché se fue pero juró
venganza ante Ixquic por las falsas acusaciones que le había hecho. En el
templo principal todo se vio muy agitado, el pueblo supo todo lo acontecido y
nuevamente atribuyo todo esto a los demonios.
Ixquic estaba llena de ir y para
poder saciarse mandó hacer prisioneras a todas las jóvenes del pueblo; su hijo creo
sospecha y siguió a su madre a cada paso sospechoso que daba y cuando por fin
la alcanzó vio cómo ella tomaba de forma desgarrante a cada una de las mujeres;
primero las seducía de una forma tal que nadie podría resistirse, las besaba
lentamente mientras con sus cabellos y sus manos acariciaba suavemente los
senos y el vientre de las jóvenes ; cuando veía que las mujeres caían rendidas
ante estos encantos, sodomizadas completamente, los ojos violetas de Ixquic
brillaban con mayor intensidad y de sus dedos enormes uñas crecían y se encajaban
velozmente en los cuellos de las víctimas y acto seguido sus sangres brotaban
como fuentes de algún manantial. Ixquic se llenaba de placer y sin contenerse
más, abría su boca dejando ver unos enormes y blancos colmillos que en conjunto
con la sangre se hundían nuevamente en aquellos cuellos y comenzaban a
succionar el líquido carmín. En otras ocasiones justo después de su acto de
seducción, tomaba a las mujeres como viles esclavas para satisfacer sus
necesidades sexuales, obligadas a tocarse y finalmente hacer el acto. Todo
esto, Bacum lo observaba y cuando no resistió sintió un fuerte dolor en el
pecho, la respiración fue complicada y en cuanto quiso gritar su mandíbula
tronó y al igual que su madre, unos colmillos perfectos se dieron lugar; los ojos
se le dilataron y corrió hasta su madre, se unió al dichoso festín. Ambos se
desataron entre placeres sexuales y sanguinarios; comieron los cuerpos y
bebieron gota a gota los fluidos de cada mujer.
El pueblo se encontraba harto de
todo lo que ahora los gobernantes dejaban ver sin temor a ser juzgados, fue
cuando el más anciano y sabio de los del pueblo, decidió dar fin con todo ello
y desafiando la sabiduría de los sabios de la corte, invocó las fuerzas más
oscuras que él conocía e invocó el poder de los animales salvajes, exigió a los
demonios que se presentasen y tanta fue su persistencia y su evocación que los
demonios lo complacieron, enviaron a unos diez hombres como sacrificio, los
demonios entonces conjugaron a esos hombres para que en medio de la noche y
bajo la luna, éstos sobrepasaran su
naturaleza y pudieran terminar con los demonios renegados en los que se habían
convertido aquellos sanguinarios gobernantes. Diez de estos por dos de
aquellos, el triunfo estaba asegurado.
Al día siguiente de que el
anciano evocó las fuerzas del infierno, los diez esperaron la caída de la
noche, salió la hermosa luna y ellos emprendieron hacia el objetivo. Mientras
tanto, en el templo principal el más sabio
se encontraba leyendo la suerte de la familia real, predijo una luna
clara y pura, rebelión y conquista por fuerzas de cabellos dorados que nunca
antes habían conocido. El sabio mencionó sobre la batalla más próxima que
habría de ser la reacción en cadena de todos los disturbios que se predecían.
Se llegó el momento en que ambas
especies se encontrarían frente a frente y de inmediato sus miradas se llenaron
de un odio potencial, tanta fue la ira sin precedentes que comenzaron a pelear.
Ambas razas con fuerzas sorprendentes, sin embargo la batalla no era pareja,
pero eso no le impidió a Ixquic continuar. La gobernante también conocía los
conjuros de evocación a los demonios y conjuró de inmediato a uno de ellos que
pronto se unió en lucha. Bacum tomo de inmediato bajo sus garras a dos de los
diez que al estar bajo Bacum, algo extraordinario ocurrió, sus cuerpos humanos
se llenaron de pelo y pronto tomaron forma de perros, sus mandíbulas y sus
espaldas se ensancharon y dieron la vuelta a Bacum, lo asesinaron. Ixquic a ver
a su hijo yaciente en el terreno de batalla, inmóvil y desangrado, sacó aún más
toda esa ira que quien sabe desde cuándo la mantenía oculta, su espalda
entonces se rompió y de ella surgieron un par de alas como las de los
murciélagos, sus brazos se partieron y enormes venas azules se marcaron, se
abalanzo sobre los perros y como un hambriento jaguar comenzó derribar a los animales y en cuanto podía
dejaba caer sobre ellos sus fuertes colmillos y mientas a bocanadas enormes
bebía la sangre que surgía, sus venas se hinchaban cada vez más y su ira incrementaba
a tal grado que termino con la vida de nueve y la batalla por fin se emparejó.
Ixquic entonces al demonio que había evocado le ordenó retirarse, pues su
naturaleza estaba llena de orgullo y no se permitiría ganar una pelea con
ventaja sobre ella.
Por fin en el campo de batalla,
manchado de la sangre de fuertes perros que fueron devorados en manos de
Ixquic, con la ira de dos especies deambulando de un surco a otro, surcos que
habían sido marcados por las patas de los animales al ser arrastrados hacia las
fuertes garras de la mujer con alas. Las pocas zonas verdes que rodeaban aquel
lugar ahora sangraban y por el veneno que Ixquic mantenía en sus colmillos,
cada arbusto pronto se comenzó a marchitar, se asomó entonces la luna clara y
pura, recordó entonces las palabras del sabio; el clima se volvió extraño y
lleno de pesadez como cuando la sangre impura de la gente ocasiona una opresión
caliente e inestable en casa. Todo se volvió hostil, inhóspito quizá, el cielo
ennegreció, negras nubes se posaron sobre Ixquic y su contrincante y comenzaron
a relampaguear y en conjunto ensordecedores truenos provocaron que la tierra se
cimbrara y temblaran todos los alrededores. Pronto los dos comenzaron a tener
extraños presentimientos y en medio de
un descuido de Ixquic, el perro salió corriendo y desapareció en medio de la
bruma que se generó y avanzó desde la costa cercana al pueblo hasta aquél lugar
que se llenó de un misterio incontrolable que comenzó a encontrarse desde el
momento.
Incluso el pueblo comenzó a llenarse de temor
menos uno, el sabio de Ixquic, él sabía algo pero no lo había dicho y por lo
que él sabía, se había llegado el momento de lo que sus visiones ya habían
realizado.

