julio 12, 2013

La Batalla final Capítulo II. Parte II

--Después de la guerra, la venganza sangre por sangre llega—

La corte sentenció a muerte  a Ixtec, pero no podían proceder hasta que no llegara Bacum-toctem, pero los meses pasaron y el gobernador no llegaba en tanto, Ixtec comenzó a engendrar a esa creatura que yacía en su vientre, lamentando cada noche el engaño que provocó a su marido, deseaba no haberlo hecho, pero su sangre fría le impedía pensar en todos aquellos sentimientos que podrían confundirla. Ixquic por su parte moría de furia por no poder hacer algo en contra de la traidora de su madre y de lo impuro que en ella comenzaba a crecer. Sin embargo la justicia se hacía más presente conformo los meses pasaron y se le llegó la hora de dar a luz y de ella nació otra niña de piel morena a la que llamó Malitché. Ixquic deseaba asesinar a aquella creatura pero no lo podía hacer; llegó entonces su padre de la batalla y ante tal traición, ordenó muerte inmediata a su infame esposa y desterró a la Malitché, que ante su destierro, unos ancianos la acogieron y la cuidaron como hija propia. Fue entonces que las noches comenzaron a ser más oscuras y de un terror penetrante ya que ahora Ixquic habría de ocupar el lugar de su madre en el trono de los gobernantes como siempre lo había deseado desde aquel momento en que conoció su origen. Se convirtió entonces en la gobernadora, pero deseaba aún más poder y sin importarle nada, sedujo a su propio padre y se envolvió en sus brazos, se entregó a él y por vez primera conoció la encarnación de dos cuerpos y la conjugación de dos almas, fue entonces que Ixquic consiguió subir al trono como reina dejando de ser aquella princesa heredera, y apenas lo tocó, asesinó a su padre y comenzó a reinar, de este acto sobre asesinato y poder nació un niño, hermoso de piel canela y radiante que vio la luz justo al inicio de esta era. Ixquic lo llamó como su padre Bacum, pero su amor no solo lo llevó en el nombre, si no físicamente era idéntico.
Bacum siendo un niño amaba a su madre, cuidaba de ella y le ayudaba a reinar, pero con forme crecí aprendió la estrategia para gobernar y de su madre aprendió aquella frialdad para ordenar. Se convirtió en un príncipe de enorme elegancia.

Una noche Bacum decidió caminar por sus dominios hasta llegar a un espeso claro en medio de la selva y justo ahí se encontró con una anciana, la miro mientras aquella vieja bajaba la cabeza en son de respeto por el príncipe; mientras esto ocurría la luna  reflejo en los ojos del joven la silueta de una mujer madura pero bella quizá 20 años mayor a él y sin embargo el joven príncipe preguntó a la anciana por aquella mujer, “Malitché es su nombre, mi señor” dijo la anciana al tiempo en que Malitché  se llenaba de temor justo cuando Bacum la tomó del brazo y la obligó a satisfacer lo que en ese momento en él surgió, aquel claro fue testigo de una forma nueva que tomó una mujer. Los ojos oscuros de Bacum se tornaron violetas (como los ojos de Ixquic, su madre) mientras que su vago cuerpo comenzó a crujir y a desgarrar sus ropas, pronto todo un gobernante paso a verse como el demonio que la gente del pueblo ya había comenzado a describir: de colmillos grandes y blancos, de piel canela y cuerpo robusto, con labios pálidos y mirada fija. El chico se landó a Malitché y por instinto la mordió, la impura sintió un dolor en el pecho y sin poner resistencia, su cuerpo también cambió, algo que ambos no entendieron pero cuando el acto sexual terminó, juntos,  en medio del vínculo que habían creado, se dirigieron al palacio y se encontraron con Ixquic. Apenas la madre los vio y se dio cuenta de  quién era aquella mujer que acompañaba a su hijo, Malitché, la bastarda que había engendrado su madre, no resistía y sin embargo los dejó continuar brindándole a aquella mujer el beneficio de la duda, pero en medio de su desconfianza, jamás permitió a su hijo llegar a ser más que un príncipe.

El tiempo comenzaba a correr y en medio de la sabiduría heredada por los ancestros, y las predicciones de los sabios de su corte Ixquic comenzó a escribir diversos documentos que revelaban los orígenes de esta raza inmortal así como las posibles formas de exterminarla; presentía algo, sentía la traición muy cerca y apenas terminó sus documentos y los envió ocultar en los alrededores, en los templos más representativos de la cuidad; pero el manuscrito, el más importante lo depositó personalmente en un cenote, al fondo de aquella agua cristalina y reflejante  en medio del atardecer. Después y bajo una ola de engaños y amenazas Ixquic convenció a Bacum de que era engañado por Malitché y él, cegado por la firme convicción de su madre dejó a su mujer, no la asesino pues la amaba pero le exigió abandonara la ciudad, sin precedentes y sin siquiera dejarla hablar, Malitché se fue pero juró venganza ante Ixquic por las falsas acusaciones que le había hecho. En el templo principal todo se vio muy agitado, el pueblo supo todo lo acontecido y nuevamente atribuyo todo esto a los demonios.

Ixquic estaba llena de ir y para poder saciarse mandó hacer prisioneras a todas las jóvenes del pueblo; su hijo creo sospecha y siguió a su madre a cada paso sospechoso que daba y cuando por fin la alcanzó vio cómo ella tomaba de forma desgarrante a cada una de las mujeres; primero las seducía de una forma tal que nadie podría resistirse, las besaba lentamente mientras con sus cabellos y sus manos acariciaba suavemente los senos y el vientre de las jóvenes ; cuando veía que las mujeres caían rendidas ante estos encantos, sodomizadas completamente, los ojos violetas de Ixquic brillaban con mayor intensidad y de sus dedos enormes uñas crecían y se encajaban velozmente en los cuellos de las víctimas y acto seguido sus sangres brotaban como fuentes de algún manantial. Ixquic se llenaba de placer y sin contenerse más, abría su boca dejando ver unos enormes y blancos colmillos que en conjunto con la sangre se hundían nuevamente en aquellos cuellos y comenzaban a succionar el líquido carmín. En otras ocasiones justo después de su acto de seducción, tomaba a las mujeres como viles esclavas para satisfacer sus necesidades sexuales, obligadas a tocarse y finalmente hacer el acto. Todo esto, Bacum lo observaba y cuando no resistió sintió un fuerte dolor en el pecho, la respiración fue complicada y en cuanto quiso gritar su mandíbula tronó y al igual que su madre, unos colmillos perfectos se dieron lugar; los ojos se le dilataron y corrió hasta su madre, se unió al dichoso festín. Ambos se desataron entre placeres sexuales y sanguinarios; comieron los cuerpos y bebieron gota a gota los fluidos de cada mujer.

El pueblo se encontraba harto de todo lo que ahora los gobernantes dejaban ver sin temor a ser juzgados, fue cuando el más anciano y sabio de los del pueblo, decidió dar fin con todo ello y desafiando la sabiduría de los sabios de la corte, invocó las fuerzas más oscuras que él conocía e invocó el poder de los animales salvajes, exigió a los demonios que se presentasen y tanta fue su persistencia y su evocación que los demonios lo complacieron, enviaron a unos diez hombres como sacrificio, los demonios entonces conjugaron a esos hombres para que en medio de la noche y bajo la luna, éstos sobrepasaran  su naturaleza y pudieran terminar con los demonios renegados en los que se habían convertido aquellos sanguinarios gobernantes. Diez de estos por dos de aquellos, el triunfo estaba asegurado.
Al día siguiente de que el anciano evocó las fuerzas del infierno, los diez esperaron la caída de la noche, salió la hermosa luna y ellos emprendieron hacia el objetivo. Mientras tanto, en el templo principal el más sabio  se encontraba leyendo la suerte de la familia real, predijo una luna clara y pura, rebelión y conquista por fuerzas de cabellos dorados que nunca antes habían conocido. El sabio mencionó sobre la batalla más próxima que habría de ser la reacción en cadena de todos los disturbios que se predecían.

Se llegó el momento en que ambas especies se encontrarían frente a frente y de inmediato sus miradas se llenaron de un odio potencial, tanta fue la ira sin precedentes que comenzaron a pelear. Ambas razas con fuerzas sorprendentes, sin embargo la batalla no era pareja, pero eso no le impidió a Ixquic continuar. La gobernante también conocía los conjuros de evocación a los demonios y conjuró de inmediato a uno de ellos que pronto se unió en lucha. Bacum tomo de inmediato bajo sus garras a dos de los diez que al estar bajo Bacum, algo extraordinario ocurrió, sus cuerpos humanos se llenaron de pelo y pronto tomaron forma de perros, sus mandíbulas y sus espaldas se ensancharon y dieron la vuelta a Bacum, lo asesinaron. Ixquic a ver a su hijo yaciente en el terreno de batalla, inmóvil y desangrado, sacó aún más toda esa ira que quien sabe desde cuándo la mantenía oculta, su espalda entonces se rompió y de ella surgieron un par de alas como las de los murciélagos, sus brazos se partieron y enormes venas azules se marcaron, se abalanzo sobre los perros y como un hambriento jaguar comenzó  derribar a los animales y en cuanto podía dejaba caer sobre ellos sus fuertes colmillos y mientas a bocanadas enormes bebía la sangre que surgía, sus venas se hinchaban cada vez más y su ira incrementaba a tal grado que termino con la vida de nueve y la batalla por fin se emparejó. Ixquic entonces al demonio que había evocado le ordenó retirarse, pues su naturaleza estaba llena de orgullo y no se permitiría ganar una pelea con ventaja sobre ella.
Por fin en el campo de batalla, manchado de la sangre de fuertes perros que fueron devorados en manos de Ixquic, con la ira de dos especies deambulando de un surco a otro, surcos que habían sido marcados por las patas de los animales al ser arrastrados hacia las fuertes garras de la mujer con alas. Las pocas zonas verdes que rodeaban aquel lugar ahora sangraban y por el veneno que Ixquic mantenía en sus colmillos, cada arbusto pronto se comenzó a marchitar, se asomó entonces la luna clara y pura, recordó entonces las palabras del sabio; el clima se volvió extraño y lleno de pesadez como cuando la sangre impura de la gente ocasiona una opresión caliente e inestable en casa. Todo se volvió hostil, inhóspito quizá, el cielo ennegreció, negras nubes se posaron sobre Ixquic y su contrincante y comenzaron a relampaguear y en conjunto ensordecedores truenos provocaron que la tierra se cimbrara y temblaran todos los alrededores. Pronto los dos comenzaron a tener extraños presentimientos  y en medio de un descuido de Ixquic, el perro salió corriendo y desapareció en medio de la bruma que se generó y avanzó desde la costa cercana al pueblo hasta aquél lugar que se llenó de un misterio incontrolable que comenzó a encontrarse desde el momento.

Incluso el pueblo comenzó a llenarse de temor menos uno, el sabio de Ixquic, él sabía algo pero no lo había dicho y por lo que él sabía, se había llegado el momento de lo que sus visiones ya habían realizado.

Un poco de mi

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La vida es algo que a todos se nos ha consedido, aunque jamas se valora, la vida para mi es un obsequio, un humano para un no humano, interesante forma que tengo de ver esta situación;muero y ahora vivo, me engrandesco con tu vida y vivo porque de tu sangre me alimento...