julio 12, 2013

La Batalla final Capítulo II. Parte II

--Después de la guerra, la venganza sangre por sangre llega—

La corte sentenció a muerte  a Ixtec, pero no podían proceder hasta que no llegara Bacum-toctem, pero los meses pasaron y el gobernador no llegaba en tanto, Ixtec comenzó a engendrar a esa creatura que yacía en su vientre, lamentando cada noche el engaño que provocó a su marido, deseaba no haberlo hecho, pero su sangre fría le impedía pensar en todos aquellos sentimientos que podrían confundirla. Ixquic por su parte moría de furia por no poder hacer algo en contra de la traidora de su madre y de lo impuro que en ella comenzaba a crecer. Sin embargo la justicia se hacía más presente conformo los meses pasaron y se le llegó la hora de dar a luz y de ella nació otra niña de piel morena a la que llamó Malitché. Ixquic deseaba asesinar a aquella creatura pero no lo podía hacer; llegó entonces su padre de la batalla y ante tal traición, ordenó muerte inmediata a su infame esposa y desterró a la Malitché, que ante su destierro, unos ancianos la acogieron y la cuidaron como hija propia. Fue entonces que las noches comenzaron a ser más oscuras y de un terror penetrante ya que ahora Ixquic habría de ocupar el lugar de su madre en el trono de los gobernantes como siempre lo había deseado desde aquel momento en que conoció su origen. Se convirtió entonces en la gobernadora, pero deseaba aún más poder y sin importarle nada, sedujo a su propio padre y se envolvió en sus brazos, se entregó a él y por vez primera conoció la encarnación de dos cuerpos y la conjugación de dos almas, fue entonces que Ixquic consiguió subir al trono como reina dejando de ser aquella princesa heredera, y apenas lo tocó, asesinó a su padre y comenzó a reinar, de este acto sobre asesinato y poder nació un niño, hermoso de piel canela y radiante que vio la luz justo al inicio de esta era. Ixquic lo llamó como su padre Bacum, pero su amor no solo lo llevó en el nombre, si no físicamente era idéntico.
Bacum siendo un niño amaba a su madre, cuidaba de ella y le ayudaba a reinar, pero con forme crecí aprendió la estrategia para gobernar y de su madre aprendió aquella frialdad para ordenar. Se convirtió en un príncipe de enorme elegancia.

Una noche Bacum decidió caminar por sus dominios hasta llegar a un espeso claro en medio de la selva y justo ahí se encontró con una anciana, la miro mientras aquella vieja bajaba la cabeza en son de respeto por el príncipe; mientras esto ocurría la luna  reflejo en los ojos del joven la silueta de una mujer madura pero bella quizá 20 años mayor a él y sin embargo el joven príncipe preguntó a la anciana por aquella mujer, “Malitché es su nombre, mi señor” dijo la anciana al tiempo en que Malitché  se llenaba de temor justo cuando Bacum la tomó del brazo y la obligó a satisfacer lo que en ese momento en él surgió, aquel claro fue testigo de una forma nueva que tomó una mujer. Los ojos oscuros de Bacum se tornaron violetas (como los ojos de Ixquic, su madre) mientras que su vago cuerpo comenzó a crujir y a desgarrar sus ropas, pronto todo un gobernante paso a verse como el demonio que la gente del pueblo ya había comenzado a describir: de colmillos grandes y blancos, de piel canela y cuerpo robusto, con labios pálidos y mirada fija. El chico se landó a Malitché y por instinto la mordió, la impura sintió un dolor en el pecho y sin poner resistencia, su cuerpo también cambió, algo que ambos no entendieron pero cuando el acto sexual terminó, juntos,  en medio del vínculo que habían creado, se dirigieron al palacio y se encontraron con Ixquic. Apenas la madre los vio y se dio cuenta de  quién era aquella mujer que acompañaba a su hijo, Malitché, la bastarda que había engendrado su madre, no resistía y sin embargo los dejó continuar brindándole a aquella mujer el beneficio de la duda, pero en medio de su desconfianza, jamás permitió a su hijo llegar a ser más que un príncipe.

El tiempo comenzaba a correr y en medio de la sabiduría heredada por los ancestros, y las predicciones de los sabios de su corte Ixquic comenzó a escribir diversos documentos que revelaban los orígenes de esta raza inmortal así como las posibles formas de exterminarla; presentía algo, sentía la traición muy cerca y apenas terminó sus documentos y los envió ocultar en los alrededores, en los templos más representativos de la cuidad; pero el manuscrito, el más importante lo depositó personalmente en un cenote, al fondo de aquella agua cristalina y reflejante  en medio del atardecer. Después y bajo una ola de engaños y amenazas Ixquic convenció a Bacum de que era engañado por Malitché y él, cegado por la firme convicción de su madre dejó a su mujer, no la asesino pues la amaba pero le exigió abandonara la ciudad, sin precedentes y sin siquiera dejarla hablar, Malitché se fue pero juró venganza ante Ixquic por las falsas acusaciones que le había hecho. En el templo principal todo se vio muy agitado, el pueblo supo todo lo acontecido y nuevamente atribuyo todo esto a los demonios.

Ixquic estaba llena de ir y para poder saciarse mandó hacer prisioneras a todas las jóvenes del pueblo; su hijo creo sospecha y siguió a su madre a cada paso sospechoso que daba y cuando por fin la alcanzó vio cómo ella tomaba de forma desgarrante a cada una de las mujeres; primero las seducía de una forma tal que nadie podría resistirse, las besaba lentamente mientras con sus cabellos y sus manos acariciaba suavemente los senos y el vientre de las jóvenes ; cuando veía que las mujeres caían rendidas ante estos encantos, sodomizadas completamente, los ojos violetas de Ixquic brillaban con mayor intensidad y de sus dedos enormes uñas crecían y se encajaban velozmente en los cuellos de las víctimas y acto seguido sus sangres brotaban como fuentes de algún manantial. Ixquic se llenaba de placer y sin contenerse más, abría su boca dejando ver unos enormes y blancos colmillos que en conjunto con la sangre se hundían nuevamente en aquellos cuellos y comenzaban a succionar el líquido carmín. En otras ocasiones justo después de su acto de seducción, tomaba a las mujeres como viles esclavas para satisfacer sus necesidades sexuales, obligadas a tocarse y finalmente hacer el acto. Todo esto, Bacum lo observaba y cuando no resistió sintió un fuerte dolor en el pecho, la respiración fue complicada y en cuanto quiso gritar su mandíbula tronó y al igual que su madre, unos colmillos perfectos se dieron lugar; los ojos se le dilataron y corrió hasta su madre, se unió al dichoso festín. Ambos se desataron entre placeres sexuales y sanguinarios; comieron los cuerpos y bebieron gota a gota los fluidos de cada mujer.

El pueblo se encontraba harto de todo lo que ahora los gobernantes dejaban ver sin temor a ser juzgados, fue cuando el más anciano y sabio de los del pueblo, decidió dar fin con todo ello y desafiando la sabiduría de los sabios de la corte, invocó las fuerzas más oscuras que él conocía e invocó el poder de los animales salvajes, exigió a los demonios que se presentasen y tanta fue su persistencia y su evocación que los demonios lo complacieron, enviaron a unos diez hombres como sacrificio, los demonios entonces conjugaron a esos hombres para que en medio de la noche y bajo la luna, éstos sobrepasaran  su naturaleza y pudieran terminar con los demonios renegados en los que se habían convertido aquellos sanguinarios gobernantes. Diez de estos por dos de aquellos, el triunfo estaba asegurado.
Al día siguiente de que el anciano evocó las fuerzas del infierno, los diez esperaron la caída de la noche, salió la hermosa luna y ellos emprendieron hacia el objetivo. Mientras tanto, en el templo principal el más sabio  se encontraba leyendo la suerte de la familia real, predijo una luna clara y pura, rebelión y conquista por fuerzas de cabellos dorados que nunca antes habían conocido. El sabio mencionó sobre la batalla más próxima que habría de ser la reacción en cadena de todos los disturbios que se predecían.

Se llegó el momento en que ambas especies se encontrarían frente a frente y de inmediato sus miradas se llenaron de un odio potencial, tanta fue la ira sin precedentes que comenzaron a pelear. Ambas razas con fuerzas sorprendentes, sin embargo la batalla no era pareja, pero eso no le impidió a Ixquic continuar. La gobernante también conocía los conjuros de evocación a los demonios y conjuró de inmediato a uno de ellos que pronto se unió en lucha. Bacum tomo de inmediato bajo sus garras a dos de los diez que al estar bajo Bacum, algo extraordinario ocurrió, sus cuerpos humanos se llenaron de pelo y pronto tomaron forma de perros, sus mandíbulas y sus espaldas se ensancharon y dieron la vuelta a Bacum, lo asesinaron. Ixquic a ver a su hijo yaciente en el terreno de batalla, inmóvil y desangrado, sacó aún más toda esa ira que quien sabe desde cuándo la mantenía oculta, su espalda entonces se rompió y de ella surgieron un par de alas como las de los murciélagos, sus brazos se partieron y enormes venas azules se marcaron, se abalanzo sobre los perros y como un hambriento jaguar comenzó  derribar a los animales y en cuanto podía dejaba caer sobre ellos sus fuertes colmillos y mientas a bocanadas enormes bebía la sangre que surgía, sus venas se hinchaban cada vez más y su ira incrementaba a tal grado que termino con la vida de nueve y la batalla por fin se emparejó. Ixquic entonces al demonio que había evocado le ordenó retirarse, pues su naturaleza estaba llena de orgullo y no se permitiría ganar una pelea con ventaja sobre ella.
Por fin en el campo de batalla, manchado de la sangre de fuertes perros que fueron devorados en manos de Ixquic, con la ira de dos especies deambulando de un surco a otro, surcos que habían sido marcados por las patas de los animales al ser arrastrados hacia las fuertes garras de la mujer con alas. Las pocas zonas verdes que rodeaban aquel lugar ahora sangraban y por el veneno que Ixquic mantenía en sus colmillos, cada arbusto pronto se comenzó a marchitar, se asomó entonces la luna clara y pura, recordó entonces las palabras del sabio; el clima se volvió extraño y lleno de pesadez como cuando la sangre impura de la gente ocasiona una opresión caliente e inestable en casa. Todo se volvió hostil, inhóspito quizá, el cielo ennegreció, negras nubes se posaron sobre Ixquic y su contrincante y comenzaron a relampaguear y en conjunto ensordecedores truenos provocaron que la tierra se cimbrara y temblaran todos los alrededores. Pronto los dos comenzaron a tener extraños presentimientos  y en medio de un descuido de Ixquic, el perro salió corriendo y desapareció en medio de la bruma que se generó y avanzó desde la costa cercana al pueblo hasta aquél lugar que se llenó de un misterio incontrolable que comenzó a encontrarse desde el momento.

Incluso el pueblo comenzó a llenarse de temor menos uno, el sabio de Ixquic, él sabía algo pero no lo había dicho y por lo que él sabía, se había llegado el momento de lo que sus visiones ya habían realizado.

junio 29, 2013

La Batalla final Capítulo II. Parte I

Capítulo II. Comienzo de siglos.
PARTE I
-- Después de ser olvidados, con los siglos, volverán a surgir—

En medio de un clima totalmente húmedo, un lugar donde las selvas más húmedas y hermosas se expandían majestuosamente en algún sitio perdido de este mundo. 
En medio de una esplendorosa civilización, llenos de conocimiento completamente enigmático, sobre astronomía, matemáticas y una exquisita cultura, una civilización jamás tocada por la maldad de los hombres blancos. Hombres sometidos en el temor a sus dios
es, dioses sanguinarios le luchas y batallas de conquista, pero también dioses poderosos que ofrecen las riquezas a los pueblos y a las tierras; y sin embargo, seres un eslabón inferior a los dioses, habitaban en la tierra, como los dueños y señores de todos aquellos poblados, como los superiores y capataces que dominaban sobre los humanos y que actuaban sobre voluntad propia y en mayor parte de las veces sin crepúsculos.

Bacum-toctem e Ixtec eran los dos gobernantes, ellos administraban todas las riquezas y persuadían los sacrificios a “los dioses”. El pueblo por temor a perder sus cosechas y todos los recursos, satisfacía los caprichos de los gobernantes para evitar el supuesto enojo de los Dioses. Todos crecían, pasaban generaciones, nacimientos y defunciones se registraban día a día, nuevos sacrificios, batallas territoriales iban y venían, la cultura crecía cada vez más hasta convertirse en una de las culturas más ricas y poderosas de la actual América. Casi 500 años antes de la era actual brindaban buenos frutos, todo cambiaba, pero lo increíble era que los gobernantes seguían igual, no cambiaban en lo absoluto, se mantenían jóvenes, incluso el mismo pueblo especulaba en decir que ellos eran los Dioses a quienes rendían tributo y sacrificio, por eso jamás se les revelaron.

Se llegó el tiempo para los gobernantes para expandir su gobierno y así nombrar a nuevos miembros, Ixtec dio entonces a luz a una bella niña a la que llamó Ixquic que significa sangre. En los primeros años de la vida de Ixquic, sus padres le mostraron cómo gobernar, a la edad de 10 años, su padre Bacum, le enseñó la verdad sobre su poder sobre el pueblo.

--Bacum-toctem e Ixtec hace siglos fueron exiliados en aquellas tierras por una diosa de nombre Sekhmet, por habérseles comprobado alta traición al tipo de seres que la diosa creo al otro lado del mundo, la sanguinaria diosa los nombró malkavian a aquellos dos que traicionaron sin remordimiento a dichos seres de oscuridad y los desterró. Era entonces que Bacum-toctem e Ixtec, su mujer fueron descendientes de las majestuosas creaciones de Sekhmet y que ahora habitaban en un “mundo” que aún no era descubierto y al ver a una civilización sin orden, estos dos seres decidieron mezclarse y llegar al poder manifestándose como los gobernantes y más tarde posibles dioses nombrados así por el mismo pueblo. –

Fue entonces esta la verdad de Bacum revelo a su hija y ahora era entonces el momento para enseñarle todas sus habilidades. Ixquic comenzó un arduo entrenamiento, desarrollo talentos tan finos como las artes, la astronomía, las matemáticas y una excelente formación en la guerra, se convirtió en una fuerte joven que a 420 años antes de nuestra era, se convirtió en la princesa heredera de gran belleza y poder de toda esa civilización que habitaba en medio de la selva. Pera esta joven no logró calmar su sed de sangre que se ofrecía durante los sacrificios; para ella no era suficiente y debía buscar un poco más así que en medio de todo enloqueció, comenzó ahora a cazar en secreto para satisfacer su necesidad, y los habitantes comenzaron de desatar temor, que sin saber quién era el causante de las desapariciones y muertes de algunos, lo atribuyeron a algún demonio que se encontraría seguramente disgustado por el servicio brindado a los “dioses” y no a él.
Los padres de Ixquic la reprendieron, la encerraron en uno de los calabozos debajo del establecimiento real, pero aun así sabían que nada podrían hacer contra aquella naturaleza, la liberaron pero continuaron con los sacrificios.

No debió pasar tanto tiempo e Ixtec de pronto volvió a sentir esa necesidad que exigía su naturaleza traicionante; se enamoró de uno de los sirvientes del templo principal de la ciudad, desarrolló amores y se entregó a él cuantas veces le fue posible. Él siendo un hombre sencillo que trabajaba en el templo para poder llevar alimento a su familia en alguna de las aldeas más próximas. Él, llamado Xacub, desconocía como toda la ciudad la naturaleza de los gobernantes, pero cuando Ixtec se le entregó, estuvo a punto de huir despavorido y temeroso, jamás creyó lo que sus ojos le revelaban, un ser totalmente distinto a un humano de colmillos fuertes y de fuerza incomparable, y sin embargo un cuerpo que elevaría sus sentidos hasta llevarlo a la locura. Xacub no huyó y por ende Ixtec le ofreció riqueza y vida, lo mordió con esa poderosa mandíbula, no lo mató, pero por ley para no matarlo, le dio a beber de su sangre pura y real y en un impuro le convirtió.
Bacum-toctem comenzaba a sospechar de las repentinas desapariciones de su mujer; en algunas veces veía en silencio loas sospechosos encuentros de Ixtec y Xacub, sin embargo no mencionó nada pues amaba a su mujer. Pero aquellos amores comenzaron a traer consigo inconvenientes, el más evidente, Ixtec quedó en cinta, su hija se dio cuenta de todo aquello y llena de furia porque un impuro supiera su origen y peor aún un impuro estuviera enredado con su madre y el deshonor que ello significaba para su familia, asesinó a sangre fría a aquel Xacub, frente a su madre y en medio de la corte de su familia. Esto ocurrió, en medio de una batalla territorial en la que su padre se encontraba y no había forma de que se enterara, pero evidentemente, su regreso a la ciudad ya era esperado por los de la corte y en forma especial por Ixquic.

junio 13, 2013

Pincel y cuerdas

¿Cuántos caminos existen hasta antes de que vos aparecéis? ¿Son aquellas veredas que se enlazan en la absoluta esquina de la oscuridad? O ¿son acaso esos senderos que se entrelazan a las orillas de la soledad? La cantidad y el tipo se han conjugado y no queda más que descubrir aquellas vías e intentar huir de ellas para evitar el paso por la adversidad de tus pasos, totalmente insolentes y caóticos a cada centímetro que misteriosos avanzan.

Conforme avanzo, hacia el descubrimiento de tu camino, ando con pasos torpes y fugaces en tanto que a cada paso, rompo aquella barrera que la bruma matinal ha formado al caer silenciosa a los pies de los árboles y arbustos. Pronto en mi torpeza comienzo  a escuchar el crujir de las hojas secas que yacen en el suelo y solo a lo lejos se oye el aleteo de un ave que intenta escapar, que intenta huir de sus depredadores. Poco a poco, el día comienza a aclarar y los tenues rayos primerizos del sol comienzan a filtrarse entre las copas secas de los árboles, señales todas de la llegada del invierno.

Mientras continúo con mi camino, la nieve comienza a darse paso y va cubriendo todos los senderos, en pocos minutos, no se vieron más. La nieve aumenta y una tormenta tiene lugar; si mis pasos ya eran torpes, con la tormenta sobre mi cara y la nieve bajo mis pies, se entorpece aún más mi andar, mi vista se nubla, intento mirar, pero aunque me esfuerce, no puedo continuar, todo camino ha desaparecido o ¿es qué el destino así lo quiere? ¿Será que, en medio de mi sosiego, vos aparezcas y me conduzcas al infierno? Si así fuera, temo por mi propio destino, ya que me rehúso a volver a mi antiguo hogar.

El camino debo continuar y me he de abrir pequeñas brechas sobre la nieve, pero pronto levando la mirada y una película blanca me impide toda visión, es como un lienzo, tan blanco y no tocado por pinceles del más talentoso pintor, y ahora, arruinado por mí, una diminuta mancha, un punto negó en medio del todo y de la nada. Estoy rendida y no puedo más continuar, quiero detenerme y lo hago, quiero gritar pero no puedo, quiero encontrarte y no te siento, quiero mirar y lo consigo; deseo,… sólo deseo pero pareciera que mis pensamientos se han fugado y la noche comienza a caer, en lo alto, una diminuta luz se asoma, ¡es la luna! Y comienza a tomar su forma en el manto estelar, comienza a verse majestuosa, enorme y brillosa. El frío comienza a sentirse, fuerte, tanto que mi piel se congela ya no la siento más, siento que se parte, se resquebraja, como una rosa bañada en una fuerte cascada y que por la fuerza del agua sus pétalos comienzan a caer rendidos; desfallezco.

He despertado (o eso parece, no sé cuánto tiempo ha pasado), me siento perdida y sin sentido, no sé dónde estoy, es más ni siquiera sé si en realidad he despertado, mi mirada se encuentra perdida y fija en algún punto de lo que me rodea y mis pensamientos vagos se concentran en uno sólo, espero estar más cerca de donde estás tú para poder llegar más a prisa hasta mi incierto futuro en “la tierra”. 
Dicen que los ángeles lloran cuando las almas deben encontrar la luz pero ¿quién llorará cuando un alma ahogada en la oscuridad encuentra tus pasos y se unen a ellos? Escucho el chillido de aves y su gorgoteo en el agua, ¿estaré cerca de un lago? De ser así, quiero beber de aquella agua y embriagarme de “la vida” que de ella llega, quiero encontrarme nuevamente y sentirme otra vez viva. Todo se oscurece y un dolor en el pecho me invade, pierdo lentamente la vista y veo todo gris, siento cada vez más pesado mi cuerpo y en medio de la nieve siento mi cuerpo hundirse y poco a poco pierdo toda fuerza y mi alma comienza a escapar.

En medio de mi agonía aún puedo escuchar cómo las aves continúan con su canto y cómo el lago continua con su fluir, se oyen pequeños animalillos pasar y juguetear en medio de la blancura de la nieve, se percatan de mi presencia y me rodean cuál si fuera un trozo de carne en un punto exacto a devorar pero ven que mínimamente vivo, reaccionan, corren y alejan, siento una gran soledad que por extraño que parezca, pareciera que la siento por una enésima vez; una extraña soledad que vuelve a invadir mi cuerpo y mis pensamientos, escucho una serie de sinsajos que en medio del todo se disuelven; en mi pecho siento un estruendo que se siente como si una estaca se incrustara deliberadamente en mí, algo se oprime, algo más bien comienza a estallar, me falta la respiración y lo que antes era gris, comienza a oscurecer un tono más; los colores negros y grises comienzan a jugar frente a mí, una broma de mal gusto a mi lienzo. Es mi imaginación o ¿es qué a lo lejos escucho melodías tristes y melancólicas acompañadas con finos acordes de violines? O será más bien que ¿ya ha terminado mi existencia en este racimo de lienzo y melodía? Es esta música que tenue escucho por la despedida que las notas y los pinceles me hacen.

Pronto las pinceladas se vuelven más delgadas, tanto que las líneas que marcan parecieran los finos cabellos de la cola de los más finos caballos. También en conjunto se oyen las vibraciones más y más finas que las cuerdas del Stradivarius pueden entonar. El lienzo, la melodía, el todo, comienzan a conjugarse y provocan que mi mirada se quede estática en algún punto del lago, un punto que apenas refleja a la majestuosa luna; vagos recuerdos de las cosas que en el pasado hice comienzan a venir a mi mente a invadir mis pensamientos y a adueñarse de lo que algunos llaman sentimientos. Recuerdo el lago en el que de niña te conocí donde jugábamos y donde te perdí; en donde volví a encontrarte y el coraje de haberte perdido ocasión no que ese lago fuera el testigo de donde te asesiné, eras mío o de nadie solo eso pensé… Recuerdo todos esos hermosos paisajes de verdes tan finos y líneas tan definidas, de sonidos claros y del lago su cantar. Recuerdo todas esas aves por las que moría de envidia por gozar de una voz angelical; recuerdo a todos aquellos niños que se burlaron de mi pobreza  y que de igual forma asesiné; recuerdo aquellas veces en que mi cuerpo fue tomado por hombres sin crepúsculos y sus cuerpos yacientes entintados de sangre porque yo los asesiné;  recuerdo a mis padres que por no verlos sufrir en el frío invierno en que no teníamos que comer, asesiné… Recuerdo a mi némesis y cómo por poco fallezco en manos de él y que por fortuna actué primero y no lo deje hacer. Recuerdo el día de ayer, cuando salí de la choza donde habitaba, caminé por la blanca nieve mientras observaba cada vereda que marcaba tu oscuridad, sé que me encontré siguiéndola y ahora me encuentro aquí, con un dolor insoportable y con deseos de ir junto a ti. Si antes procuré evadirte, sin deseos de encontrarte, ahora el estar sobre este fino lecho blanco y arrullada por el agua, el verte y estar a tu lado se ha convertido en mi mayor deseo; deseo sentir ya la frialdad de tu mirada, el inexistente calor de tu cuerpo mientras que el lienzo blanco, se transforma en rojo, rojo intenso color de mi infierno y las melodías tristes en quejidos, quejidos de los que a mi mano murieron...

marzo 14, 2013

La Batalla final Capítulo I. Parte IV


- El colibrí no siempre es signo de paz y felicidad – 

La nueva ciudad formada por Lycaón ha crecido y su raza se ha multiplicado; increíblemente los desafíos a los dioses han generado temor, pánico para aquellos que aún creen y que esperan en todo aquello que les han prometido, sin embargo ante este temor, Licasura ha comenzado a revelarse cada vez más. Día a día se hablan más noticias de las atrocidades que los lykans comenzaron a cometer, desatados entre placeres e iras. Cada uno de los del clan extinguían sin recelo vidas de los “humanos”, cobraban con sus carnes, desgarrándolas como aquellos lobos comiendo carne después de semanas de intensa hambruna.

Sus vidas parecían comunes durante el día, gente que iba y venía causando terror únicamente, pero por las noches, cuando la luna resplandecía en lo alto, estos seres dejaban ver sus colmillos y el extenso pelo en sus cuerpos  mientras gozaban de la nítida luz de la luna, bailaban y parecían vivir sólo de noche, pero cuando la luna cambiaba, cuando estaba llena y enorme, ellos abandonaban su cuerpo humano, comenzaban a aullar como los lobos a punto de atacar y en eso se convertían, su humano cuerpo comenzaba a crujir, su erguida figura se deformaba dejando ver una espalda sumamente ancha y voluptuosa, sus grandes colmillos, aumentaban de tamaño mientras sus cuerpos se cubrían por completo de pelo. Pronto olfateaban y corrían a gran velocidad hacia los bosques más próximos y no tardando mucho tiempo quejidos de animales y humanos comenzaban a oírse.

Lo más temido, lo más huido, lo más descontrolable de aquella región. La relación hombre y lobo comenzó a ser más evidente.

Una noche, en medio de la luna llena del mes de julio, el primogénito de Lycaón, Grakho, alcanzó su madurez, tu cuerpo tan hermoso, blanco y perfecto comenzó a tornarse aún más musculoso de lo que ya era y pronto le comenzó a brotar un fino pelaje completamente oscuro pero al mismo tiempo tan brillante, tanto que la luz de la luna bien podría envidiar tan bello reflejo. Sus luminosos ojos grises se llenaron de una gran fuerza y poder. Poco a poco su cuerpo se tornó como el del animal. De su boca se podían oír salir aullidos y uno que otro gruñido, comenzó a seguir el sendero que marcaba la luna…

Más tarde su sombra en medio de la noche se difuminó y en medio de la espesura del bosque a una hermosa mujer encontró. Las sombras cubrían inertemente su cuerpo mientras él se ocultaba entre los arbustos mientras cazaba o esperaba el momento indicado para abalanzarse a esa delicada figura nocturna. Esta era su primera cacería como el futuro heredero del clan, estaba decidido y dispuesto para llevar ante sus padres la piel de su víctima, pero la cruel luna, llena de odio por su pelaje tan reluciente, lo engañó; sutilmente con su brillo el cuerpo de aquella bella mujer delineó en tanto que el joven lykan quedaba prendido de aquella belleza y hacia ella comenzó a acercarse, suavemente quedando a solo unos pocos metros y el aliento no pudo contener y ella se percató de aquella presencia y de inmediato se volvió, vio a aquel lobo, pero no corrió, no gritó, no temió y sin embargo sus pupilas se dilataron y la mirada no apartó de aquel animal, sin embargo un extraño magnetismo la obligó a correr y a abrazarlo.  El lobo no se contuvo y en medio de lo inexplicable, se irguió y correspondió aquel abrazo, dentro de él algo extraño comenzó a correr, y de pronto lo sintió.

--Hace tiempo Grakho apenas siendo un niño, jugaba con su madre en el bosque cerca de un lago, la noche comenzaba a caer, al otro lado del lago habitaba una pequeña aldea, y el niño vio como una familia caminó hacia el lago para llenar un par de garrafas de agua; en esa familia una bella niña de cabello largo y rizado, de piel como de porcelana que a pesar de estar lejos le saludó, se vieron fijamente y algo creció… todas las noches fue lo mismo hasta que después de  una de esas oscuras noches de luna llena, la aldea desapareció. -- 

Pronto entonces se escucharon pisadas de otros lobos, ella y Grakho se separaron y en tanto él huía confundido, ella se quedó sin habla mientras sus ojos se llenaban de la escena en la que una decena de lobos se abalanzó sobre ella robándole todo aliento… Grakho reaccionó, se volvió y corrió nuevamente hasta ella, cuando llegó, solo su cuerpo yaciente encontró.

Un poco de mi

Mi foto
La vida es algo que a todos se nos ha consedido, aunque jamas se valora, la vida para mi es un obsequio, un humano para un no humano, interesante forma que tengo de ver esta situación;muero y ahora vivo, me engrandesco con tu vida y vivo porque de tu sangre me alimento...