
Capítulo I. Nacimiento de dos razas.
Parte I
Parte I
-Por extraño que parezca, estoy pensando en ti-
Las batallas han comenzado, una nueva guerra pero sin armas, la disputa por nuestro territorio, por nuestro reino ¿cuántos más irán a despertar? Faltan muchos aun y sin embargo las piezas culminantes ya están en su sitio, la mesa de juego ya esta puesta y el tablero ya esta preparado, la estrategia se ha ensayado y dictaminado, las trompetas celestiales comienzan a sonar y las puertas estelares se comienzan a abrir para dar paso a los futuros líderes y cabezas de los clanes.
Una batalla con tantos precedentes y sin embargo un solo objetivo: la humanidad. Caballeros con armaduras cual resplandeciente oro y sus damas con las más finas cedas que en todos los tiempos han existido. Se respira el aroma de cuerpos putrefactos y almas eternas. Pieles blancas y ojos profundos, penetrantes en miradas y alucinantes en pasiones; cabelleras aterciopeladas y rojos labios cual carmines, damas con cuerpos celestiales, pero infernales almas las gobiernan, caballeros aristocráticos de portes sensuales y hechizantes, la sabiduría ancestral se comienza a sentir. Una nueva era aristocrática de sus sarcófagos comienza a salir en tanto la luz se disipa y da paso a la lúgubre neblina llena de gritos dolorosos y la oscuridad llena de las historias que originaron nuestra leyenda. Todo un nuevo y brillante clan se hace presente, con ropas de ensueño que engalanan sus cuerpos, todos ellos con capas que detallan aun más sus fuertes espaldas. Todas ellas con joyería exquisita que hace resaltar sus hermosos ojos.
Una era antigua en la que la rebelión por gobernar era más evidente que la simple pertenencia, era en la que los humanos se revelaron en contra del Dios, pero esta rebelión solo causó que ese Dios invocara la fuerza que destruye otra fuerza, para que se manifestara en la tierra y calmara a los rebeldes. Sekhmet era esa fuerza, una semidiosa de extravagante belleza, un ser que como castigo a los desórdenes asesino a los humanos bebiendo su sangre y rasgando sus cuerpos, tanta era la ira de este ser que ni el Dios padre la pudo detener, fue terrible hazaña por contener a los revolucionarios que sin duda alguna Sekhmet no pararía hasta hacer extinta a la raza humana. Los seducía poco a poco, los atraía hacia su guarida, y los aseguraba tras sus colmillos.
Su creado vio cuan terrible fue la venganza que tomo la diosa, intento detenerla pero no lo consiguió, ella continuaba asesinando a sangre fría, eso Dios no lo podría permitir así que tomo cartas en el asunto, decidió dar fin a la vida de ese ser sanguinario así que ordenó preparar una mezcla de opio, cerveza, ciertas plantas colosales de la familia de la Solanaceae y desde luego sangre humana, una mezcla que sería llevada asta Sekhmet y que más tarde ocasionara la perdida de la mente de la diosa ocasionando grandes y fuertes alucinaciones para que más tarde el creador la premiara por su hazaña y ofreciéndole la muerte como premio en medio de su inconciencia, ella accedió, y murió…
No paso mucho después de que se le dictaminó muerte a Sekhmet cuando ella en medio de su travesía al mundo de los muertos recuperó su conciencia, se llenó de ira por tal e infame engaño y decidió vengarse, pero no podría hacerlo desde el mundo de los muertos, pues jamás podría salir de ahí, sin embargo encontró a un sirviente de la muerte y le ofreció poder y riquezas, el otro cegado por la belleza de la diosa, acepto, y firmo un contrato de eternidad para hacer que el poder de la diosa pudiera salir del infierno y adueñarse de las víctimas que ya había cobrado antes de recibir el castigo de su creador. Así se hizo, ella extendió su poder a los humanos que antes había privado de la vida, los levanto y los subordinó. Sekhmet ordenada y los humanos obedecían, habían adquirido habilidades sorprendentes, ya no eran humanos si no algo más que eso. Se convirtieron en seres que recibieron los dones de belleza de Sekhmet, seres que se hicieron de sangre fría y sin crepúsculos, seres que comenzaron una casería para supuestamente disputar el puesto del nuevo gobernante, muchos murieron… Otros más se dejaron guiar por el olor de la mezcla que le fue llevada a Sekhmet, bebieron y desde luego murieron. Poco a poco el sin número de víctimas de la diosa decreció, fueron pocos los que resultaron ser más fuertes e inteligentes, por ende consiguieron sobrevivir, tenían que pensar en como ocultarse pues en medio de sus disputas, les amaneció y anocheció tres veces, entonces el ocultarse significaba conseguir vivir un día más, hasta qué grado, ¿bajo qué condiciones? ¿Cuál debería ser el precio?
Solo unos pocos de los miles consiguieron sobrevivir, comenzaron a vivir ocultos por los día y salían cada noche a buscar alimento, pero los que aún eran humanos los notaron, y ahora con odio los veían por ser los culpables de terminar con las vidas de sus seres queridos, vidas que, para los nuevos seres, carecían de valor. Los humanos los cazaban pero sin mucho éxito, mientras estos seres buscaban la forma de ser mayoría, descubrieron que sus vidas no habían cambiado mucho, solo ahora eran aristocráticos, adinerados y de belleza sin igual. Eran poderosos ante los ojos de los otros. Se comenzaron ahora a relacionar unos con otros creando con ello diferentes familias y crearon sus nuevos apellidos y formaron diferentes clanes, desarrollando en cada uno diversas habilidades.
Pronto no podrían vivir todos en el mismo lugar geográfico, se expandieron, habitaron diferentes naciones y como buenos apoderados, dispusieron de las tierras a gusto y placer, no asesinaban por sobrevivencia solo por el arte de ver la sangre fluir. Refinaron sus portes y se hicieron acreedores de grandes conocimientos en ciencias y artes. Tanto habían conseguido que jamás se percataron del tiempo que había transcurrido…

Parte II
-No sé por qué te espero, si bien se, que no vendrás-
¿Qué tanto pudieron arriesgarse de no haber conseguido sobrevivir? La muerte los hubiera alcanzado y la eternidad que se les ofreció de nada les hubiera ayudado.
La gracia física se hacía cada vez más evidente y Dios comenzó a envidiarla. No concebía que hubiera “humanos” con tal belleza y conocimiento, temía una nueva rebelión. Pero mientras el Dios de luz buscaba la forma de condenarlos, desde los adentros infernales Sekhmet se hacía de un nuevo ejército bestial en vista de que sus primeras creaciones la habían olvidado.
Grandes y hermosos castillos se convirtieron en la morada de estos emblemáticos seres, guardando secretos mil en su interior y creando historias al exterior; historias que, muchas veces, tan alejadas o tan acertadas a lo que ellos imponían.
Una noche, un cazador decidió buscar su presa, para dar la sorpresa a su mujer por la mañana. La noche tan oscura que solo la flama de su antorcha conseguía alumbrar diminutas secciones del bosque. Encontró a su presa y se dispuso a lanzar su flecha, algo lo detuvo ó mejor dicho por algo se detuvo; sintió de pronto un escalofrió que lo paralizó completamente y ante sus ojos una neblina muy densa se comenzó a formar, apenas consiguió ver cuando percibió la silueta de un murciélago; del tipo de los vampiros para ser exactos, sus nervios se calmaron un poco pero su estremecimiento continuaba; solo un parpadeo basto para que el vampiro tomara forma humana, una mujer hermosa vestida con una seda roja que entallaba su figura; sus ojos penetraron en los del cazador, este quedo hipnotizado cediendo a los placeres de aquel ser, la mujer lo sedujo hasta llegar al clímax sexual, en el que ella cambió completamente, sus ropas se rasgaron de la parte de la espalda y unas alas oscuras brotaron, los ojos se le dilataron y brillaron con mayor intensidad, su perfecta mandíbula se rompió dejando ver uno colmillos tan blancos que parecían resplandecer. Entre sus brazos tomó la vida de aquel mortal, erróneo, lo dejo vivo para que su experiencia pudiera contar a los suyos para después conseguir ser de los seres mas temidos. El dolor en su carne fue intenso, nauseabundo, la víctima perdió el conocimiento mientras que la bella doncella se alejaba.
Al despertar miró a su alrededor y ya era de mañana, desconcertado y fuera de sí volvió a casa, no se sentía bien y apenas miró a su mujer y en sus brazos cayó, ella como pudo, lo levantó y lo llevó a su cama y preocupada corrió por el médico del pueblo; cuando regresó el cazador presentaba una fiebre intensa, su cuerpo temblaba al tiempo que una pequeña capa de sudor cubría su cuerpo, fuertes escalofríos lo abrazaban, sus pupilas se dilataron y las venas de sus ojos parecían explotar, no podía controlarse, miró fijamente al doctor y exclamo: “tengo sed”, fue entonces que tomó al hombre del cuello y se abalanzó hacia él, lo miró nuevamente y sin pensarlo, mordió el cuello del doctor que se quejaba y quería gritar, pero sus intentos se opacaron cuando el cazador comenzó a beber de la sangre que brotaba, pronto dejó sin aliento al doctor y éste murió. Mientras aquello sucedía, su mujer se había apañado en una de las esquinas de la habitación, tan horrorizada que ninguna palabra conseguía articular; su esposo había enloquecido, pensó, pero al igual que al doctor, su pensamiento se vio interrumpido cuando su cuello quedó entre la mandíbula del loco, que bebió hasta saciarse y por fin reaccionó, miró el desastre que había ocasionado, se atemorizó y salió corriendo internándose de vuelta en el bosque. Pronto se encontró en un claro, tan bello y caminó hacia él, pero la luz era intensa y apenas consiguió soportarla; se dejo caer de espaldas al cielo y pronto se quedo dormido.
No pasó mucho tiempo cuando en sus sueños volvió a ver a aquella hermosa mujer de la noche anterior, pero era otra época, otro tiempo; vio como la mujer recibía en sus manos un collar de oro con una gran piedra azul en el centro al tiempo que, borrosamente, un anciano pronunciaba unas palabras, en otro idioma quizá. Todo parecían sombras alrededor de la chica pues en su entorno aparecía más gente. Sintió calor y con un suspiro todas aquellas imágenes se esfumaron y el cazador despertó. “Sabes ya mucho” escuchó una suave voz, “no puedes continuar, no, eres un simple humano”. Entonces en su espalda sintió un fuerte golpe que apagó su cortada respiración y aun estando de espaldas al cielo, comenzó a sentir la humedad de un fluido debajo de sí, intentó ponerse de pie pero no lo logro al contrario solo pudo distinguir el carmesí de su sangre y ahí murió…
Aquellos tiempos eran tan cruciales, tiempos en los que las aves eran las únicas cortadoras de las melodías pero la antesala del arte en un solo lugar se alojaba: la oscuridad. Los mejores músicos, los mejores pintores, los más exóticos poetas, los agraciados de la belleza sobre humana, los poseedores de las habilidades más refinadas. Los portadores de la real sangre azul. Aunque divididos en diferentes familias y clanes, cada uno de los oscuros sobresalía en el ámbito que se les imponía. Conocedores milenarios y dueños de grandes e incontables riquezas. Gobernantes de las grandes urbes. Más que seres nocturnos y temidos en alguna época, comenzaron a ser apreciados, todos los hechos anteriores – asesinatos, cuerpos de los humanos inertes y sin sangre; desapariciones, hermosas mujeres cautivadas por galantes hombres y desaparecidas para jamás volver – todo ahora para los mortales significaba un cuento o mejor dicho, leyendas en tanto que para los vampiros todo quedaba en secreto para su comodidad.
Qué vida de siglos comenzaron a crear y sus víctimas de una u otra forma silenciadas, nadie imaginaría que entre tanta belleza y porte se ocultaran misterios aterradores. Pero todo cambiaría cuando una nueva raza sobrehumana decidió aparecer o mejor dicho, decidió darse a conocer…
Parte III
-Porqué buscar los secretos, cuando la verdad está a la luz-
Cuánto tiempo ha pasado desde que la forma humana nació, un mundo inhóspito y envuelto en tinieblas provoca temor en esas pequeñas e insignificantes vidas, debían confiar en alguien, o en algo. Adoptaron entonces, en medio de su agria soledad, a los que más tarde serían sus mejores amigos (o eso suponían ser), unos animales, caninos hermosos de pelaje deslumbrante, llenos de una fuerza tan fiera que los humanos ya no temieron a nada; convivían armoniosamente tanto, que algún dios se compadeció y esos caninos raza les dio, lobos que a la luna aullarían pero no solo eso le bastó, el habla también les concedió. Los humanos lo soportaron amablemente pero el ver tantos dones obsequiados a unos animales, que los humanos comenzaron a sentir celos y tomaron medidas en contra de los lobos, los comenzaron a matar y en algunas veces a sacrificar a sangre fría, derramando la sangre de estos animales que de igual forma respondieron. No había motivos, los humanos y los lobos comenzaron a vivir separados, llenos de odio por "ser" los favoritos del dios.
El dios de las tinieblas se complació por todo el odios que reinaba en la tierra, para él esa era la idea del paraíso, pero la diosa de la tierra no lo vio bien y con su poder, asesinó a esos hombres y a esos lobos enviándolos sin escalas ni remordimientos al reino de las tinieblas confiando en que el gobernante de ese lugar les daría un merecido castigo pero no fue así. Al recibir a aquellas almas, el dios del inframundo las conjugó, creo un solo cuerpo pero con el alma de dos seres completamente diferentes, toda una obra maestra del dios oscuro, tal fue su agrado que devolvió a aquellos nuevos seres, en secreto, a la tierra. Pero para agrandar su placer los condenó, “por las mañanas y tardes, serás humano; por las noches, cuando la luna este en su máximo esplendor en el firmamento, serás aquella parte que tanto odiaste, un lobo”. Tal condena pudo haber sido en un principio algo controlable y quizá pudo no haber importado, pero al paso de los siglos aquellas palabras significaron una gran maldición a los licántropos.
Una nueva raza, una nueva palabra en la boca de los seres que no habían sido víctimas de dicha maldición, una nueva conjugación que por siglos en distintas partes del mundo marcarían una nueva era llena de temor, de burlas que más tarde significarían un dolor inmenso convertido en leyendas.
Sekhmet se encontraba feliz y complacida por ver lo que su amado dios de las tinieblas había creado y desato una peste en todo el mundo y en algún lugar llamado Arcadia, Sekhmet dio origen a Lycaón, hijo de un rey llamado Pelasgo, que nació siendo humano pero el día en que cumplió 16 años, día en que también heredaría el trono de su padre, mientras la luna resplandecía en el firmamento, Sekhmet hizo su aparición frente a la familia real y llena del encanto de aquel desdichado, lo asesinó; al verlo muerto y yaciente en su trono, sopló en su frente y le dio nuevamente la vida, pero su conjuro pronunció: “ser rey ante la luna, testigos del mal, condenado sois tú y tu descendencia a mi ser por siempre servir, condenado a la herejía y a la plaga de los que aúllan en mis aposentos”. Sus palabras eran extrañas, nadie en el momento las entendió, y sin embargo cuando la diosa desapareció una espesa bruma negra cubrió el salón principal del castillo, todos los presentes se llenaron de temor y poco a poco, uno a uno murieron quedando solo una doncella, que apenas la bruma se disipó, quedo frente a Lycaón que en seguida, impulsado por una fuerza extraña, se lanzó a la doncella, la tomó, la desalojó de sus ropas y la hizo suya.
Fue entonces que Lycaón y aquella doncella de nombre Melissá fundaron la ciudad de Licasura, erigiendo un altar en el monte Liceo en honor a Zeus Tonante. Sin embargo, cometió la imprudencia de querer engañar a los dioses, invitándolos a un banquete en el que hizo servir la carne de su primogénito disimulada en una especie de guiso. La herejía fue desenmascarada, aunque es de caballeros confesar que al menos Deméter alcanzó a degustar el insólito manjar, y Zeus condenó a Lycaón y a toda su estirpe a convertirse en lobos. Cosa que no era necesaria, pues ya antes Sekhmet lo había condenado y hasta este momento Lycaón comprendió las palabras de aquella que lo mató y resucitó en un abrir y cerrar de ojos.
Parte IV
- El colibrí no siempre es signo de paz y felicidad –
La nueva ciudad formada por Lycaón ha crecido y su raza se ha multiplicado; increíblemente los desafíos a los dioses han generado temor, pánico para aquellos que aún creen y que esperan en todo aquello que les han prometido, sin embargo ante este temor, Licasura ha comenzado a revelarse cada vez más. Día a día se hablan más noticias de las atrocidades que los lykans comenzaron a cometer, desatados entre placeres e iras. Cada uno de los del clan extinguían sin recelo vidas de los “humanos”, cobraban con sus carnes, desgarrándolas como aquellos lobos comiendo carne después de semanas de intensa hambruna.
Sus vidas parecían comunes durante el día, gente que iba y venía causando terror únicamente, pero por las noches, cuando la luna resplandecía en lo alto, estos seres dejaban ver sus colmillos y el extenso pelo en sus cuerpos mientras gozaban de la nítida luz de la luna, bailaban y parecían vivir sólo de noche, pero cuando la luna cambiaba, cuando estaba llena y enorme, ellos abandonaban su cuerpo humano, comenzaban a aullar como los lobos a punto de atacar y en eso se convertían, su humano cuerpo comenzaba a crujir, su erguida figura se deformaba dejando ver una espalda sumamente ancha y voluptuosa, sus grandes colmillos, aumentaban de tamaño mientras sus cuerpos se cubrían por completo de pelo. Pronto olfateaban y corrían a gran velocidad hacia los bosques más próximos y no tardando mucho tiempo quejidos de animales y humanos comenzaban a oírse.
Lo más temido, lo más huido, lo más descontrolable de aquella región. La relación hombre y lobo comenzó a ser más evidente.
Una noche, en medio de la luna llena del mes de julio, el primogénito de Lycaón, Grakho, alcanzó su madurez, tu cuerpo tan hermoso, blanco y perfecto comenzó a tornarse aún más musculoso de lo que ya era y pronto le comenzó a brotar un fino pelaje completamente oscuro pero al mismo tiempo tan brillante, tanto que la luz de la luna bien podría envidiar tan bello reflejo. Sus luminosos ojos grises se llenaron de una gran fuerza y poder. Poco a poco su cuerpo se tornó como el del animal. De su boca se podían oír salir aullidos y uno que otro gruñido, comenzó a seguir el sendero que marcaba la luna…
Más tarde su sombra en medio de la noche se difuminó y en medio de la espesura del bosque a una hermosa mujer encontró. Las sombras cubrían inertemente su cuerpo mientras él se ocultaba entre los arbustos mientras cazaba o esperaba el momento indicado para abalanzarse a esa delicada figura nocturna. Esta era su primera cacería como el futuro heredero del clan, estaba decidido y dispuesto para llevar ante sus padres la piel de su víctima, pero la cruel luna, llena de odio por su pelaje tan reluciente, lo engañó; sutilmente con su brillo el cuerpo de aquella bella mujer delineó en tanto que el joven lykan quedaba prendido de aquella belleza y hacia ella comenzó a acercarse, suavemente quedando a solo unos pocos metros y el aliento no pudo contener y ella se percató de aquella presencia y de inmediato se volvió, vio a aquel lobo, pero no corrió, no gritó, no temió y sin embargo sus pupilas se dilataron y la mirada no apartó de aquel animal, sin embargo un extraño magnetismo la obligó a correr y a abrazarlo. El lobo no se contuvo y en medio de lo inexplicable, se irguió y correspondió aquel abrazo, dentro de él algo extraño comenzó a correr, y de pronto lo sintió.
--Hace tiempo Grakho apenas siendo un niño, jugaba con su madre en el bosque cerca de un lago, la noche comenzaba a caer, al otro lado del lago habitaba una pequeña aldea, y el niño vio como una familia caminó hacia el lago para llenar un par de garrafas de agua; en esa familia una bella niña de cabello largo y rizado, de piel como de porcelana que a pesar de estar lejos le saludó, se vieron fijamente y algo creció… todas las noches fue lo mismo hasta que después de una de esas oscuras noches de luna llena, la aldea desapareció. --
Pronto entonces se escucharon pisadas de otros lobos, ella y Grakho se separaron y en tanto él huía confundido, ella se quedó sin habla mientras sus ojos se llenaban de la escena en la que una decena de lobos se abalanzó sobre ella robándole todo aliento… Grakho reaccionó, se volvió y corrió nuevamente hasta ella, cuando llegó, solo su cuerpo yaciente encontró.
Capítulo II. Comienzo de siglos.
PARTE I
-- Después de ser olvidados, con los siglos, volverán a surgir—
En medio de un clima totalmente húmedo, un lugar donde las selvas más húmedas y hermosas se expandían majestuosamente en algún sitio perdido de este mundo.
En medio de una esplendorosa civilización, llenos de conocimiento completamente enigmático, sobre astronomía, matemáticas y una exquisita cultura, una civilización jamás tocada por la maltad de los hombres blancos. Hombres sometidos en el temor a sus dioses, dioses sanguinarios le luchas y batallas de conquista, pero también dioses poderosos que ofrecen las riquezas a los pueblos y a las tierras; y sin embargo, seres un eslabón inferior a los dioses, habitaban en la tierra, como los dueños y señores de todos aquellos poblados, como los superiores y capataces que dominaban sobre los humanos y que actuaban sobre voluntad propia y en mayor parte de las veces sin crepúsculos.
Bacum-toctem e Ixtec eran los dos gobernantes, ellos administraban todas las riquezas y persuadían los sacrificios a “los dioses”. El pueblo por temor a perder sus cosechas y todos los recursos, satisfacía los caprichos de los gobernantes para evitar el supuesto enojo de los Dioses. Todos crecían, pasaban generaciones, nacimientos y defunciones se registraban día a día, nuevos sacrificios, batallas territoriales iban y venían, la cultura crecía cada vez más hasta convertirse en una de las culturas más ricas y poderosas de la actual América. Casi 500 años antes de la era actual brindaban buenos frutos, todo cambiaba, pero lo increíble era que los gobernantes seguían igual, no cambiaban en lo absoluto, se mantenían jóvenes, incluso el mismo pueblo especulaba en decir que ellos eran los Dioses a quienes rendían tributo y sacrificio, por eso jamás se les revelaron.
Se llegó el tiempo para los gobernantes para expandir su gobierno y así nombrar a nuevos miembros, Ixtec dio entonces a luz a una bella niña a la que llamó Ixquic que significa sangre. En los primeros años de la vida de Ixquic, sus padres le mostraron cómo gobernar, a la edad de 10 años, su padre Bacum, le enseñó la verdad sobre su poder sobre el pueblo.
--Bacum-toctem e Ixtec hace siglos fueron exiliados en aquellas tierras por una diosa de nombre Sekhmet, por habérseles comprobado alta traición al tipo de seres que la diosa creo al otro lado del mundo, la sanguinaria diosa los nombró malkavian a aquellos dos que traicionaron sin remordimiento a dichos seres de oscuridad y los desterró. Era entonces que Bacum-toctem e Ixtec, su mujer fueron descendientes de las majestuosas creaciones de Sekhmet y que ahora habitaban en un “mundo” que aún no era descubierto y al ver a una civilización sin orden, estos dos seres decidieron mezclarse y llegar al poder manifestándose como los gobernantes y más tarde posibles dioses nombrados así por el mismo pueblo. –
Fue entonces esta la verdad de Bacum revelo a su hija y ahora era entonces el momento para enseñarle todas sus habilidades. Ixquic comenzó un arduo entrenamiento, desarrollo talentos tan finos como las artes, la astronomía, las matemáticas y una excelente formación en la guerra, se convirtió en una fuerte joven que a 420 años antes de nuestra era, se convirtió en la princesa heredera de gran belleza y poder de toda esa civilización que habitaba en medio de la selva. Pera esta joven no logró calmar su sed de sangre que se ofrecía durante los sacrificios; para ella no era suficiente y debía buscar un poco más así que en medio de todo enloqueció, comenzó ahora a cazar en secreto para satisfacer su necesidad, y los habitantes comenzaron de desatar temor, que sin saber quién era el causante de las desapariciones y muertes de algunos, lo atribuyeron a algún demonio que se encontraría seguramente disgustado por el servicio brindado a los “dioses” y no a él.
Los padres de Ixquic la reprendieron, la encerraron en uno de los calabozos debajo del establecimiento real, pero aun así sabían que nada podrían hacer contra aquella naturaleza, la liberaron pero continuaron con los sacrificios.
No debió pasar tanto tiempo e Ixtec de pronto volvió a sentir esa necesidad que exigía su naturaleza traicionante; se enamoró de uno de los sirvientes del templo principal de la ciudad, desarrolló amores y se entregó a él cuantas veces le fue posible. Él siendo un hombre sencillo que trabajaba en el templo para poder llevar alimento a su familia en alguna de las aldeas más próximas. Él, llamado Xacub, desconocía como toda la ciudad la naturaleza de los gobernantes, pero cuando Ixtec se le entregó, estuvo a punto de huir despavorido y temeroso, jamás creyó lo que sus ojos le revelaban, un ser totalmente distinto a un humano de colmillos fuertes y de fuerza incomparable, y sin embargo un cuerpo que elevaría sus sentidos hasta llevarlo a la locura. Xacub no huyó y por ende Ixtec le ofreció riqueza y vida, lo mordió con esa poderosa mandíbula, no lo mató, pero por ley para no matarlo, le dio a beber de su sangre pura y real y en un impuro le convirtió.
Bacum-toctem comenzaba a sospechar de las repentinas desapariciones de su mujer; en algunas veces veía en silencio loas sospechosos encuentros de Ixtec y Xacub, sin embargo no mencionó nada pues amaba a su mujer. Pero aquellos amores comenzaron a traer consigo inconvenientes, el más evidente, Ixtec quedó en cinta, su hija se dio cuenta de todo aquello y llena de furia porque un impuro supiera su origen y peor aún un impuro estuviera enredado con su madre y el deshonor que ello significaba para su familia, asesinó a sangre fría a aquel Xacub, frente a su madre y en medio de la corte de su familia. Esto ocurrió, en medio de una batalla territorial en la que su padre se encontraba y no había forma de que se enterara, pero evidentemente, su regreso a la ciudad ya era esperado por los de la corte y en forma especial por Ixquic.

Parte IV
- El colibrí no siempre es signo de paz y felicidad –
La nueva ciudad formada por Lycaón ha crecido y su raza se ha multiplicado; increíblemente los desafíos a los dioses han generado temor, pánico para aquellos que aún creen y que esperan en todo aquello que les han prometido, sin embargo ante este temor, Licasura ha comenzado a revelarse cada vez más. Día a día se hablan más noticias de las atrocidades que los lykans comenzaron a cometer, desatados entre placeres e iras. Cada uno de los del clan extinguían sin recelo vidas de los “humanos”, cobraban con sus carnes, desgarrándolas como aquellos lobos comiendo carne después de semanas de intensa hambruna.
Sus vidas parecían comunes durante el día, gente que iba y venía causando terror únicamente, pero por las noches, cuando la luna resplandecía en lo alto, estos seres dejaban ver sus colmillos y el extenso pelo en sus cuerpos mientras gozaban de la nítida luz de la luna, bailaban y parecían vivir sólo de noche, pero cuando la luna cambiaba, cuando estaba llena y enorme, ellos abandonaban su cuerpo humano, comenzaban a aullar como los lobos a punto de atacar y en eso se convertían, su humano cuerpo comenzaba a crujir, su erguida figura se deformaba dejando ver una espalda sumamente ancha y voluptuosa, sus grandes colmillos, aumentaban de tamaño mientras sus cuerpos se cubrían por completo de pelo. Pronto olfateaban y corrían a gran velocidad hacia los bosques más próximos y no tardando mucho tiempo quejidos de animales y humanos comenzaban a oírse.
Lo más temido, lo más huido, lo más descontrolable de aquella región. La relación hombre y lobo comenzó a ser más evidente.
Una noche, en medio de la luna llena del mes de julio, el primogénito de Lycaón, Grakho, alcanzó su madurez, tu cuerpo tan hermoso, blanco y perfecto comenzó a tornarse aún más musculoso de lo que ya era y pronto le comenzó a brotar un fino pelaje completamente oscuro pero al mismo tiempo tan brillante, tanto que la luz de la luna bien podría envidiar tan bello reflejo. Sus luminosos ojos grises se llenaron de una gran fuerza y poder. Poco a poco su cuerpo se tornó como el del animal. De su boca se podían oír salir aullidos y uno que otro gruñido, comenzó a seguir el sendero que marcaba la luna…
Más tarde su sombra en medio de la noche se difuminó y en medio de la espesura del bosque a una hermosa mujer encontró. Las sombras cubrían inertemente su cuerpo mientras él se ocultaba entre los arbustos mientras cazaba o esperaba el momento indicado para abalanzarse a esa delicada figura nocturna. Esta era su primera cacería como el futuro heredero del clan, estaba decidido y dispuesto para llevar ante sus padres la piel de su víctima, pero la cruel luna, llena de odio por su pelaje tan reluciente, lo engañó; sutilmente con su brillo el cuerpo de aquella bella mujer delineó en tanto que el joven lykan quedaba prendido de aquella belleza y hacia ella comenzó a acercarse, suavemente quedando a solo unos pocos metros y el aliento no pudo contener y ella se percató de aquella presencia y de inmediato se volvió, vio a aquel lobo, pero no corrió, no gritó, no temió y sin embargo sus pupilas se dilataron y la mirada no apartó de aquel animal, sin embargo un extraño magnetismo la obligó a correr y a abrazarlo. El lobo no se contuvo y en medio de lo inexplicable, se irguió y correspondió aquel abrazo, dentro de él algo extraño comenzó a correr, y de pronto lo sintió.
--Hace tiempo Grakho apenas siendo un niño, jugaba con su madre en el bosque cerca de un lago, la noche comenzaba a caer, al otro lado del lago habitaba una pequeña aldea, y el niño vio como una familia caminó hacia el lago para llenar un par de garrafas de agua; en esa familia una bella niña de cabello largo y rizado, de piel como de porcelana que a pesar de estar lejos le saludó, se vieron fijamente y algo creció… todas las noches fue lo mismo hasta que después de una de esas oscuras noches de luna llena, la aldea desapareció. --
Pronto entonces se escucharon pisadas de otros lobos, ella y Grakho se separaron y en tanto él huía confundido, ella se quedó sin habla mientras sus ojos se llenaban de la escena en la que una decena de lobos se abalanzó sobre ella robándole todo aliento… Grakho reaccionó, se volvió y corrió nuevamente hasta ella, cuando llegó, solo su cuerpo yaciente encontró.
Capítulo II. Comienzo de siglos.PARTE I
-- Después de ser olvidados, con los siglos, volverán a surgir—
En medio de un clima totalmente húmedo, un lugar donde las selvas más húmedas y hermosas se expandían majestuosamente en algún sitio perdido de este mundo.
En medio de una esplendorosa civilización, llenos de conocimiento completamente enigmático, sobre astronomía, matemáticas y una exquisita cultura, una civilización jamás tocada por la maltad de los hombres blancos. Hombres sometidos en el temor a sus dioses, dioses sanguinarios le luchas y batallas de conquista, pero también dioses poderosos que ofrecen las riquezas a los pueblos y a las tierras; y sin embargo, seres un eslabón inferior a los dioses, habitaban en la tierra, como los dueños y señores de todos aquellos poblados, como los superiores y capataces que dominaban sobre los humanos y que actuaban sobre voluntad propia y en mayor parte de las veces sin crepúsculos.
Bacum-toctem e Ixtec eran los dos gobernantes, ellos administraban todas las riquezas y persuadían los sacrificios a “los dioses”. El pueblo por temor a perder sus cosechas y todos los recursos, satisfacía los caprichos de los gobernantes para evitar el supuesto enojo de los Dioses. Todos crecían, pasaban generaciones, nacimientos y defunciones se registraban día a día, nuevos sacrificios, batallas territoriales iban y venían, la cultura crecía cada vez más hasta convertirse en una de las culturas más ricas y poderosas de la actual América. Casi 500 años antes de la era actual brindaban buenos frutos, todo cambiaba, pero lo increíble era que los gobernantes seguían igual, no cambiaban en lo absoluto, se mantenían jóvenes, incluso el mismo pueblo especulaba en decir que ellos eran los Dioses a quienes rendían tributo y sacrificio, por eso jamás se les revelaron.
Se llegó el tiempo para los gobernantes para expandir su gobierno y así nombrar a nuevos miembros, Ixtec dio entonces a luz a una bella niña a la que llamó Ixquic que significa sangre. En los primeros años de la vida de Ixquic, sus padres le mostraron cómo gobernar, a la edad de 10 años, su padre Bacum, le enseñó la verdad sobre su poder sobre el pueblo.
--Bacum-toctem e Ixtec hace siglos fueron exiliados en aquellas tierras por una diosa de nombre Sekhmet, por habérseles comprobado alta traición al tipo de seres que la diosa creo al otro lado del mundo, la sanguinaria diosa los nombró malkavian a aquellos dos que traicionaron sin remordimiento a dichos seres de oscuridad y los desterró. Era entonces que Bacum-toctem e Ixtec, su mujer fueron descendientes de las majestuosas creaciones de Sekhmet y que ahora habitaban en un “mundo” que aún no era descubierto y al ver a una civilización sin orden, estos dos seres decidieron mezclarse y llegar al poder manifestándose como los gobernantes y más tarde posibles dioses nombrados así por el mismo pueblo. –
Fue entonces esta la verdad de Bacum revelo a su hija y ahora era entonces el momento para enseñarle todas sus habilidades. Ixquic comenzó un arduo entrenamiento, desarrollo talentos tan finos como las artes, la astronomía, las matemáticas y una excelente formación en la guerra, se convirtió en una fuerte joven que a 420 años antes de nuestra era, se convirtió en la princesa heredera de gran belleza y poder de toda esa civilización que habitaba en medio de la selva. Pera esta joven no logró calmar su sed de sangre que se ofrecía durante los sacrificios; para ella no era suficiente y debía buscar un poco más así que en medio de todo enloqueció, comenzó ahora a cazar en secreto para satisfacer su necesidad, y los habitantes comenzaron de desatar temor, que sin saber quién era el causante de las desapariciones y muertes de algunos, lo atribuyeron a algún demonio que se encontraría seguramente disgustado por el servicio brindado a los “dioses” y no a él.
Los padres de Ixquic la reprendieron, la encerraron en uno de los calabozos debajo del establecimiento real, pero aun así sabían que nada podrían hacer contra aquella naturaleza, la liberaron pero continuaron con los sacrificios.
No debió pasar tanto tiempo e Ixtec de pronto volvió a sentir esa necesidad que exigía su naturaleza traicionante; se enamoró de uno de los sirvientes del templo principal de la ciudad, desarrolló amores y se entregó a él cuantas veces le fue posible. Él siendo un hombre sencillo que trabajaba en el templo para poder llevar alimento a su familia en alguna de las aldeas más próximas. Él, llamado Xacub, desconocía como toda la ciudad la naturaleza de los gobernantes, pero cuando Ixtec se le entregó, estuvo a punto de huir despavorido y temeroso, jamás creyó lo que sus ojos le revelaban, un ser totalmente distinto a un humano de colmillos fuertes y de fuerza incomparable, y sin embargo un cuerpo que elevaría sus sentidos hasta llevarlo a la locura. Xacub no huyó y por ende Ixtec le ofreció riqueza y vida, lo mordió con esa poderosa mandíbula, no lo mató, pero por ley para no matarlo, le dio a beber de su sangre pura y real y en un impuro le convirtió.
Bacum-toctem comenzaba a sospechar de las repentinas desapariciones de su mujer; en algunas veces veía en silencio loas sospechosos encuentros de Ixtec y Xacub, sin embargo no mencionó nada pues amaba a su mujer. Pero aquellos amores comenzaron a traer consigo inconvenientes, el más evidente, Ixtec quedó en cinta, su hija se dio cuenta de todo aquello y llena de furia porque un impuro supiera su origen y peor aún un impuro estuviera enredado con su madre y el deshonor que ello significaba para su familia, asesinó a sangre fría a aquel Xacub, frente a su madre y en medio de la corte de su familia. Esto ocurrió, en medio de una batalla territorial en la que su padre se encontraba y no había forma de que se enterara, pero evidentemente, su regreso a la ciudad ya era esperado por los de la corte y en forma especial por Ixquic.

PARTE II
--Después de la guerra, la
venganza sangre por sangre llega—
La corte sentenció a muerte a Ixtec, pero no podían proceder hasta que no
llegara Bacum-toctem, pero los meses pasaron y el gobernador no llegaba en
tanto, Ixtec comenzó a engendrar a esa creatura que yacía en su vientre,
lamentando cada noche el engaño que provocó a su marido, deseaba no haberlo
hecho, pero su sangre fría le impedía pensar en todos aquellos sentimientos que
podrían confundirla. Ixquic por su parte moría de furia por no poder hacer algo
en contra de la traidora de su madre y de lo impuro que en ella comenzaba a
crecer. Sin embargo la justicia se hacía más presente conformo los meses
pasaron y se le llegó la hora de dar a luz y de ella nació otra niña de piel
morena a la que llamó Malitché. Ixquic deseaba asesinar a aquella creatura pero
no lo podía hacer; llegó entonces su padre de la batalla y ante tal traición,
ordenó muerte inmediata a su infame esposa y desterró a la Malitché, que ante
su destierro, unos ancianos la acogieron y la cuidaron como hija propia. Fue
entonces que las noches comenzaron a ser más oscuras y de un terror penetrante
ya que ahora Ixquic habría de ocupar el lugar de su madre en el trono de los
gobernantes como siempre lo había deseado desde aquel momento en que conoció su
origen. Se convirtió entonces en la gobernadora, pero deseaba aún más poder y
sin importarle nada, sedujo a su propio padre y se envolvió en sus brazos, se
entregó a él y por vez primera conoció la encarnación de dos cuerpos y la
conjugación de dos almas, fue entonces que Ixquic consiguió subir al trono como
reina dejando de ser aquella princesa heredera, y apenas lo tocó, asesinó a su
padre y comenzó a reinar, de este acto sobre asesinato y poder nació un niño,
hermoso de piel canela y radiante que vio la luz justo al inicio de esta era.
Ixquic lo llamó como su padre Bacum, pero su amor no solo lo llevó en el
nombre, si no físicamente era idéntico.
Bacum siendo un niño amaba a su
madre, cuidaba de ella y le ayudaba a reinar, pero con forme crecí aprendió la
estrategia para gobernar y de su madre aprendió aquella frialdad para ordenar.
Se convirtió en un príncipe de enorme elegancia.
Una noche Bacum decidió caminar
por sus dominios hasta llegar a un espeso claro en medio de la selva y justo
ahí se encontró con una anciana, la miro mientras aquella vieja bajaba la
cabeza en son de respeto por el príncipe; mientras esto ocurría la luna reflejo en los ojos del joven la silueta de
una mujer madura pero bella quizá 20 años mayor a él y sin embargo el joven
príncipe preguntó a la anciana por aquella mujer, “Malitché es su nombre, mi
señor” dijo la anciana al tiempo en que Malitché se llenaba de temor justo cuando Bacum la
tomó del brazo y la obligó a satisfacer lo que en ese momento en él surgió,
aquel claro fue testigo de una forma nueva que tomó una mujer. Los ojos oscuros
de Bacum se tornaron violetas (como los ojos de Ixquic, su madre) mientras que
su vago cuerpo comenzó a crujir y a desgarrar sus ropas, pronto todo un
gobernante paso a verse como el demonio que la gente del pueblo ya había
comenzado a describir: de colmillos grandes y blancos, de piel canela y cuerpo
robusto, con labios pálidos y mirada fija. El chico se landó a Malitché y por
instinto la mordió, la impura sintió un dolor en el pecho y sin poner
resistencia, su cuerpo también cambió, algo que ambos no entendieron pero
cuando el acto sexual terminó, juntos,
en medio del vínculo que habían creado, se dirigieron al palacio y se
encontraron con Ixquic. Apenas la madre los vio y se dio cuenta de quién era aquella mujer que acompañaba a su
hijo, Malitché, la bastarda que había engendrado su madre, no resistía y sin
embargo los dejó continuar brindándole a aquella mujer el beneficio de la duda,
pero en medio de su desconfianza, jamás permitió a su hijo llegar a ser más que
un príncipe.
El tiempo comenzaba a correr y en
medio de la sabiduría heredada por los ancestros, y las predicciones de los
sabios de su corte Ixquic comenzó a escribir diversos documentos que revelaban
los orígenes de esta raza inmortal así como las posibles formas de
exterminarla; presentía algo, sentía la traición muy cerca y apenas terminó sus
documentos y los envió ocultar en los alrededores, en los templos más
representativos de la cuidad; pero el manuscrito, el más importante lo depositó
personalmente en un cenote, al fondo de aquella agua cristalina y
reflejante en medio del atardecer.
Después y bajo una ola de engaños y amenazas Ixquic convenció a Bacum de que
era engañado por Malitché y él, cegado por la firme convicción de su madre dejó
a su mujer, no la asesino pues la amaba pero le exigió abandonara la ciudad,
sin precedentes y sin siquiera dejarla hablar, Malitché se fue pero juró
venganza ante Ixquic por las falsas acusaciones que le había hecho. En el
templo principal todo se vio muy agitado, el pueblo supo todo lo acontecido y
nuevamente atribuyo todo esto a los demonios.
Ixquic estaba llena de ir y para
poder saciarse mandó hacer prisioneras a todas las jóvenes del pueblo; su hijo creo
sospecha y siguió a su madre a cada paso sospechoso que daba y cuando por fin
la alcanzó vio cómo ella tomaba de forma desgarrante a cada una de las mujeres;
primero las seducía de una forma tal que nadie podría resistirse, las besaba
lentamente mientras con sus cabellos y sus manos acariciaba suavemente los
senos y el vientre de las jóvenes ; cuando veía que las mujeres caían rendidas
ante estos encantos, sodomizadas completamente, los ojos violetas de Ixquic
brillaban con mayor intensidad y de sus dedos enormes uñas crecían y se encajaban
velozmente en los cuellos de las víctimas y acto seguido sus sangres brotaban
como fuentes de algún manantial. Ixquic se llenaba de placer y sin contenerse
más, abría su boca dejando ver unos enormes y blancos colmillos que en conjunto
con la sangre se hundían nuevamente en aquellos cuellos y comenzaban a
succionar el líquido carmín. En otras ocasiones justo después de su acto de
seducción, tomaba a las mujeres como viles esclavas para satisfacer sus
necesidades sexuales, obligadas a tocarse y finalmente hacer el acto. Todo
esto, Bacum lo observaba y cuando no resistió sintió un fuerte dolor en el
pecho, la respiración fue complicada y en cuanto quiso gritar su mandíbula
tronó y al igual que su madre, unos colmillos perfectos se dieron lugar; los ojos
se le dilataron y corrió hasta su madre, se unió al dichoso festín. Ambos se
desataron entre placeres sexuales y sanguinarios; comieron los cuerpos y
bebieron gota a gota los fluidos de cada mujer.
El pueblo se encontraba harto de
todo lo que ahora los gobernantes dejaban ver sin temor a ser juzgados, fue
cuando el más anciano y sabio de los del pueblo, decidió dar fin con todo ello
y desafiando la sabiduría de los sabios de la corte, invocó las fuerzas más
oscuras que él conocía e invocó el poder de los animales salvajes, exigió a los
demonios que se presentasen y tanta fue su persistencia y su evocación que los
demonios lo complacieron, enviaron a unos diez hombres como sacrificio, los
demonios entonces conjugaron a esos hombres para que en medio de la noche y
bajo la luna, éstos sobrepasaran su
naturaleza y pudieran terminar con los demonios renegados en los que se habían
convertido aquellos sanguinarios gobernantes. Diez de estos por dos de
aquellos, el triunfo estaba asegurado.
Al día siguiente de que el
anciano evocó las fuerzas del infierno, los diez esperaron la caída de la
noche, salió la hermosa luna y ellos emprendieron hacia el objetivo. Mientras
tanto, en el templo principal el más sabio
se encontraba leyendo la suerte de la familia real, predijo una luna
clara y pura, rebelión y conquista por fuerzas de cabellos dorados que nunca
antes habían conocido. El sabio mencionó sobre la batalla más próxima que
habría de ser la reacción en cadena de todos los disturbios que se predecían.
Se llegó el momento en que ambas
especies se encontrarían frente a frente y de inmediato sus miradas se llenaron
de un odio potencial, tanta fue la ira sin precedentes que comenzaron a pelear.
Ambas razas con fuerzas sorprendentes, sin embargo la batalla no era pareja,
pero eso no le impidió a Ixquic continuar. La gobernante también conocía los
conjuros de evocación a los demonios y conjuró de inmediato a uno de ellos que
pronto se unió en lucha. Bacum tomo de inmediato bajo sus garras a dos de los
diez que al estar bajo Bacum, algo extraordinario ocurrió, sus cuerpos humanos
se llenaron de pelo y pronto tomaron forma de perros, sus mandíbulas y sus
espaldas se ensancharon y dieron la vuelta a Bacum, lo asesinaron. Ixquic a ver
a su hijo yaciente en el terreno de batalla, inmóvil y desangrado, sacó aún más
toda esa ira que quien sabe desde cuándo la mantenía oculta, su espalda
entonces se rompió y de ella surgieron un par de alas como las de los
murciélagos, sus brazos se partieron y enormes venas azules se marcaron, se
abalanzo sobre los perros y como un hambriento jaguar comenzó derribar a los animales y en cuanto podía
dejaba caer sobre ellos sus fuertes colmillos y mientas a bocanadas enormes
bebía la sangre que surgía, sus venas se hinchaban cada vez más y su ira incrementaba
a tal grado que termino con la vida de nueve y la batalla por fin se emparejó.
Ixquic entonces al demonio que había evocado le ordenó retirarse, pues su
naturaleza estaba llena de orgullo y no se permitiría ganar una pelea con
ventaja sobre ella.
Por fin en el campo de batalla,
manchado de la sangre de fuertes perros que fueron devorados en manos de
Ixquic, con la ira de dos especies deambulando de un surco a otro, surcos que
habían sido marcados por las patas de los animales al ser arrastrados hacia las
fuertes garras de la mujer con alas. Las pocas zonas verdes que rodeaban aquel
lugar ahora sangraban y por el veneno que Ixquic mantenía en sus colmillos,
cada arbusto pronto se comenzó a marchitar, se asomó entonces la luna clara y
pura, recordó entonces las palabras del sabio; el clima se volvió extraño y
lleno de pesadez como cuando la sangre impura de la gente ocasiona una opresión
caliente e inestable en casa. Todo se volvió hostil, inhóspito quizá, el cielo
ennegreció, negras nubes se posaron sobre Ixquic y su contrincante y comenzaron
a relampaguear y en conjunto ensordecedores truenos provocaron que la tierra se
cimbrara y temblaran todos los alrededores. Pronto los dos comenzaron a tener
extraños presentimientos y en medio de
un descuido de Ixquic, el perro salió corriendo y desapareció en medio de la
bruma que se generó y avanzó desde la costa cercana al pueblo hasta aquél lugar
que se llenó de un misterio incontrolable que comenzó a encontrarse desde el
momento.
Incluso el pueblo comenzó a
llenarse de temor menos uno, el sabio de Ixquic, él sabía algo pero no lo había
dicho y por lo que él sabía, se había llegado el momento de lo que sus visiones
ya habían realizado.


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