- Hoy dejo de lado mi acostumbrada forma de escribir para
hacer un pequeño homenaje a Julia Godínez Granados a un
año de su partida. "Mamá Julia" aún te extaño. -
Amo escribir tristezas, dolores y demás pesares; amo intentar describir el secreto que guarda la muerte; pero… algo cambió cuando un ángel de luz se apartó de mí. Esta es la historia de cómo aquel ángel cambió mi vida.
No comienza con un “erase una vez”, todo comenzó cuando mi razón se convirtió en la señal de madurez y entendimiento. Fue hace aproximadamente 16 años, cuando una noticia tan repentina inundó el silencio de casa; tenía ya casi quince días que Don Ignacio estaba hospitalizado y precisamente un 24 de enero por la noche, anunciaron que su corazón dejó de latir. En medio de la oscuridad mi madre, hermano y yo salimos al encuentro del cuerpo inerte de mi abuelo, destrozados por la noticia tan agobiante. Todo aquello pasó tan rápido que ya no recuerdo todo lo ocurrido, sin embargo al encontrar el vació que dejaba aquel hombre, comprendí que parte de mi familia se desvanecía casi hasta desaparecer, digo casi, porque aún me quedaba otra persona con el mismo rango, una mujer de nombre Julia que a pesar de la reducida vivencia, ella siempre abría sus brazos y tendía un manto de ayuda a todo aquel que lo buscaba, todos la llamamos “mamá”.
La historia de mamá es complicada, solo hace falta decir que de su primer matrimonio tuvo dos hijas y un hijo que sufrieron por el poco corazón que su “padre” tenía; más tarde, de un segundo matrimonio, procreo a otros tres hijos pero que a pesar de tener a un compañero bueno, su dicha fue tan corta que aquel hombre falleció y los siete quedaron solos viéndose en la necesidad de trabajar arduamente hasta que cada uno tuvo su propia familia y Julia ya no solo era madre de seis, si no de muchos más.
Nuestra madre cuidó a tantos, acogió a varios bajo su techo, siempre un claro ejemplo de caridad, y debemos agradecer, porque todos los que la conocimos, encontramos un lado más humano. Todo era perfecto, con altibajos, pero siempre unidos…
Un día mamá enfermó, doctores varios, ella internada; nadie logro hacer nada, regresó a casa sin mejora y unos estudios revelaron que debía ser operada de urgencia, así se hizo, se mantenía estable, todos en casa la esperábamos noche a noche, sumergidos en el pesar de casi quince días de incertidumbre causada por no tener noticias claras. Quince días esperándola y un día de la nada, simplemente no regresó…
La fatal noticia volcó todo sentimiento, nuestros ojos se inundaban de gran dolor y cada segundo que pasaba se tornaba eterno; del hospital todos regresaban para preparar tu sepulcro, pero mi padre y yo decidimos custodiarte en la funeraria aunque eso fuera inútil, esperando tu cuerpo, esperando por ti y luego regresamos custodiándote a casa, el dolor se respiraba y me aparte, estando sola grité el dolor que me dejabas, lloré como no lo hice antes y cuando pude volver a respirar volví a donde tu cuerpo descansaba. Los siguientes 10 días fueron agonizantes, no asimilábamos tu partida pero teníamos que hacerlo de una u otra manera.
Cuántos misterios aguarda la vida tras la muerte, tú te fuiste pero no faltó tiempo para que otra de tus nietas y yo supiéramos de nuestros embarazos, ¿es acaso que eso ya lo habías planeado? Meses largos por tu ausencia nos acompañaron, pero un día, justo el día en que si vivieras celebraríamos tu cumpleaños, justo ese día dos bellos seres se dieron cita para ver la luz por vez primera. Niña y niño, como madre y padre que siempre supiste ser. Ahora que estamos a punto de conmemorar un año de tu partida quise escribir todas aquellas palabras que había guardado todo este tiempo.
A ti que siempre nos enseñaste a convivir,
a ti que día a día supiste ser protectora,
a ti que acogiste a todos como madre,
a ti que dejas un legado maravilloso;a ti, gracias a ti.
Porque al ver tu cuerpo inerte, nos dejaste saber que lo único que te detenía era la muerte,
Porque tu cabello blanco nos mostró la experiencia de una vida de amor,
porque a pesar de tus caídas, supiste levantarte
Y al levantarte, diste tu hombro para de el sostenernos;
Porque entre tantas peleas, somos todos hermanos
Y así como Dios, nos dijiste que siempre debemos querernos.
Porque por todo esto y más, tengo tanto que agradecer
Porque gracias a ti, tu descendencia vio el amanecer.
Gracias valiente guerrera por las dichas que nos dejaste,
Gracias madre, porque madre nos dejaste llamarte.
Gracias a Dios por ponerte en nuestros caminos,
Gracias a ti por llamarnos tus hijos.
Gracias Julia por ser el ángel que nos ama y nos cuida.
Porque estés en dónde estés, tarde o temprano, nos volveremos a ver.
