junio 13, 2013

Pincel y cuerdas

¿Cuántos caminos existen hasta antes de que vos aparecéis? ¿Son aquellas veredas que se enlazan en la absoluta esquina de la oscuridad? O ¿son acaso esos senderos que se entrelazan a las orillas de la soledad? La cantidad y el tipo se han conjugado y no queda más que descubrir aquellas vías e intentar huir de ellas para evitar el paso por la adversidad de tus pasos, totalmente insolentes y caóticos a cada centímetro que misteriosos avanzan.

Conforme avanzo, hacia el descubrimiento de tu camino, ando con pasos torpes y fugaces en tanto que a cada paso, rompo aquella barrera que la bruma matinal ha formado al caer silenciosa a los pies de los árboles y arbustos. Pronto en mi torpeza comienzo  a escuchar el crujir de las hojas secas que yacen en el suelo y solo a lo lejos se oye el aleteo de un ave que intenta escapar, que intenta huir de sus depredadores. Poco a poco, el día comienza a aclarar y los tenues rayos primerizos del sol comienzan a filtrarse entre las copas secas de los árboles, señales todas de la llegada del invierno.

Mientras continúo con mi camino, la nieve comienza a darse paso y va cubriendo todos los senderos, en pocos minutos, no se vieron más. La nieve aumenta y una tormenta tiene lugar; si mis pasos ya eran torpes, con la tormenta sobre mi cara y la nieve bajo mis pies, se entorpece aún más mi andar, mi vista se nubla, intento mirar, pero aunque me esfuerce, no puedo continuar, todo camino ha desaparecido o ¿es qué el destino así lo quiere? ¿Será que, en medio de mi sosiego, vos aparezcas y me conduzcas al infierno? Si así fuera, temo por mi propio destino, ya que me rehúso a volver a mi antiguo hogar.

El camino debo continuar y me he de abrir pequeñas brechas sobre la nieve, pero pronto levando la mirada y una película blanca me impide toda visión, es como un lienzo, tan blanco y no tocado por pinceles del más talentoso pintor, y ahora, arruinado por mí, una diminuta mancha, un punto negó en medio del todo y de la nada. Estoy rendida y no puedo más continuar, quiero detenerme y lo hago, quiero gritar pero no puedo, quiero encontrarte y no te siento, quiero mirar y lo consigo; deseo,… sólo deseo pero pareciera que mis pensamientos se han fugado y la noche comienza a caer, en lo alto, una diminuta luz se asoma, ¡es la luna! Y comienza a tomar su forma en el manto estelar, comienza a verse majestuosa, enorme y brillosa. El frío comienza a sentirse, fuerte, tanto que mi piel se congela ya no la siento más, siento que se parte, se resquebraja, como una rosa bañada en una fuerte cascada y que por la fuerza del agua sus pétalos comienzan a caer rendidos; desfallezco.

He despertado (o eso parece, no sé cuánto tiempo ha pasado), me siento perdida y sin sentido, no sé dónde estoy, es más ni siquiera sé si en realidad he despertado, mi mirada se encuentra perdida y fija en algún punto de lo que me rodea y mis pensamientos vagos se concentran en uno sólo, espero estar más cerca de donde estás tú para poder llegar más a prisa hasta mi incierto futuro en “la tierra”. 
Dicen que los ángeles lloran cuando las almas deben encontrar la luz pero ¿quién llorará cuando un alma ahogada en la oscuridad encuentra tus pasos y se unen a ellos? Escucho el chillido de aves y su gorgoteo en el agua, ¿estaré cerca de un lago? De ser así, quiero beber de aquella agua y embriagarme de “la vida” que de ella llega, quiero encontrarme nuevamente y sentirme otra vez viva. Todo se oscurece y un dolor en el pecho me invade, pierdo lentamente la vista y veo todo gris, siento cada vez más pesado mi cuerpo y en medio de la nieve siento mi cuerpo hundirse y poco a poco pierdo toda fuerza y mi alma comienza a escapar.

En medio de mi agonía aún puedo escuchar cómo las aves continúan con su canto y cómo el lago continua con su fluir, se oyen pequeños animalillos pasar y juguetear en medio de la blancura de la nieve, se percatan de mi presencia y me rodean cuál si fuera un trozo de carne en un punto exacto a devorar pero ven que mínimamente vivo, reaccionan, corren y alejan, siento una gran soledad que por extraño que parezca, pareciera que la siento por una enésima vez; una extraña soledad que vuelve a invadir mi cuerpo y mis pensamientos, escucho una serie de sinsajos que en medio del todo se disuelven; en mi pecho siento un estruendo que se siente como si una estaca se incrustara deliberadamente en mí, algo se oprime, algo más bien comienza a estallar, me falta la respiración y lo que antes era gris, comienza a oscurecer un tono más; los colores negros y grises comienzan a jugar frente a mí, una broma de mal gusto a mi lienzo. Es mi imaginación o ¿es qué a lo lejos escucho melodías tristes y melancólicas acompañadas con finos acordes de violines? O será más bien que ¿ya ha terminado mi existencia en este racimo de lienzo y melodía? Es esta música que tenue escucho por la despedida que las notas y los pinceles me hacen.

Pronto las pinceladas se vuelven más delgadas, tanto que las líneas que marcan parecieran los finos cabellos de la cola de los más finos caballos. También en conjunto se oyen las vibraciones más y más finas que las cuerdas del Stradivarius pueden entonar. El lienzo, la melodía, el todo, comienzan a conjugarse y provocan que mi mirada se quede estática en algún punto del lago, un punto que apenas refleja a la majestuosa luna; vagos recuerdos de las cosas que en el pasado hice comienzan a venir a mi mente a invadir mis pensamientos y a adueñarse de lo que algunos llaman sentimientos. Recuerdo el lago en el que de niña te conocí donde jugábamos y donde te perdí; en donde volví a encontrarte y el coraje de haberte perdido ocasión no que ese lago fuera el testigo de donde te asesiné, eras mío o de nadie solo eso pensé… Recuerdo todos esos hermosos paisajes de verdes tan finos y líneas tan definidas, de sonidos claros y del lago su cantar. Recuerdo todas esas aves por las que moría de envidia por gozar de una voz angelical; recuerdo a todos aquellos niños que se burlaron de mi pobreza  y que de igual forma asesiné; recuerdo aquellas veces en que mi cuerpo fue tomado por hombres sin crepúsculos y sus cuerpos yacientes entintados de sangre porque yo los asesiné;  recuerdo a mis padres que por no verlos sufrir en el frío invierno en que no teníamos que comer, asesiné… Recuerdo a mi némesis y cómo por poco fallezco en manos de él y que por fortuna actué primero y no lo deje hacer. Recuerdo el día de ayer, cuando salí de la choza donde habitaba, caminé por la blanca nieve mientras observaba cada vereda que marcaba tu oscuridad, sé que me encontré siguiéndola y ahora me encuentro aquí, con un dolor insoportable y con deseos de ir junto a ti. Si antes procuré evadirte, sin deseos de encontrarte, ahora el estar sobre este fino lecho blanco y arrullada por el agua, el verte y estar a tu lado se ha convertido en mi mayor deseo; deseo sentir ya la frialdad de tu mirada, el inexistente calor de tu cuerpo mientras que el lienzo blanco, se transforma en rojo, rojo intenso color de mi infierno y las melodías tristes en quejidos, quejidos de los que a mi mano murieron...

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Un poco de mi

Mi foto
La vida es algo que a todos se nos ha consedido, aunque jamas se valora, la vida para mi es un obsequio, un humano para un no humano, interesante forma que tengo de ver esta situación;muero y ahora vivo, me engrandesco con tu vida y vivo porque de tu sangre me alimento...