
- El colibrí no siempre es signo de paz y felicidad –
La nueva ciudad formada por Lycaón ha crecido y su raza se ha multiplicado; increíblemente los desafíos a los dioses han generado temor, pánico para aquellos que aún creen y que esperan en todo aquello que les han prometido, sin embargo ante este temor, Licasura ha comenzado a revelarse cada vez más. Día a día se hablan más noticias de las atrocidades que los lykans comenzaron a cometer, desatados entre placeres e iras. Cada uno de los del clan extinguían sin recelo vidas de los “humanos”, cobraban con sus carnes, desgarrándolas como aquellos lobos comiendo carne después de semanas de intensa hambruna.
Sus vidas parecían comunes durante el día, gente que iba y venía causando terror únicamente, pero por las noches, cuando la luna resplandecía en lo alto, estos seres dejaban ver sus colmillos y el extenso pelo en sus cuerpos mientras gozaban de la nítida luz de la luna, bailaban y parecían vivir sólo de noche, pero cuando la luna cambiaba, cuando estaba llena y enorme, ellos abandonaban su cuerpo humano, comenzaban a aullar como los lobos a punto de atacar y en eso se convertían, su humano cuerpo comenzaba a crujir, su erguida figura se deformaba dejando ver una espalda sumamente ancha y voluptuosa, sus grandes colmillos, aumentaban de tamaño mientras sus cuerpos se cubrían por completo de pelo. Pronto olfateaban y corrían a gran velocidad hacia los bosques más próximos y no tardando mucho tiempo quejidos de animales y humanos comenzaban a oírse.
Lo más temido, lo más huido, lo más descontrolable de aquella región. La relación hombre y lobo comenzó a ser más evidente.
Una noche, en medio de la luna llena del mes de julio, el primogénito de Lycaón, Grakho, alcanzó su madurez, tu cuerpo tan hermoso, blanco y perfecto comenzó a tornarse aún más musculoso de lo que ya era y pronto le comenzó a brotar un fino pelaje completamente oscuro pero al mismo tiempo tan brillante, tanto que la luz de la luna bien podría envidiar tan bello reflejo. Sus luminosos ojos grises se llenaron de una gran fuerza y poder. Poco a poco su cuerpo se tornó como el del animal. De su boca se podían oír salir aullidos y uno que otro gruñido, comenzó a seguir el sendero que marcaba la luna…
Más tarde su sombra en medio de la noche se difuminó y en medio de la espesura del bosque a una hermosa mujer encontró. Las sombras cubrían inertemente su cuerpo mientras él se ocultaba entre los arbustos mientras cazaba o esperaba el momento indicado para abalanzarse a esa delicada figura nocturna. Esta era su primera cacería como el futuro heredero del clan, estaba decidido y dispuesto para llevar ante sus padres la piel de su víctima, pero la cruel luna, llena de odio por su pelaje tan reluciente, lo engañó; sutilmente con su brillo el cuerpo de aquella bella mujer delineó en tanto que el joven lykan quedaba prendido de aquella belleza y hacia ella comenzó a acercarse, suavemente quedando a solo unos pocos metros y el aliento no pudo contener y ella se percató de aquella presencia y de inmediato se volvió, vio a aquel lobo, pero no corrió, no gritó, no temió y sin embargo sus pupilas se dilataron y la mirada no apartó de aquel animal, sin embargo un extraño magnetismo la obligó a correr y a abrazarlo. El lobo no se contuvo y en medio de lo inexplicable, se irguió y correspondió aquel abrazo, dentro de él algo extraño comenzó a correr, y de pronto lo sintió.
--Hace tiempo Grakho apenas siendo un niño, jugaba con su madre en el bosque cerca de un lago, la noche comenzaba a caer, al otro lado del lago habitaba una pequeña aldea, y el niño vio como una familia caminó hacia el lago para llenar un par de garrafas de agua; en esa familia una bella niña de cabello largo y rizado, de piel como de porcelana que a pesar de estar lejos le saludó, se vieron fijamente y algo creció… todas las noches fue lo mismo hasta que después de una de esas oscuras noches de luna llena, la aldea desapareció. --
Pronto entonces se escucharon pisadas de otros lobos, ella y Grakho se separaron y en tanto él huía confundido, ella se quedó sin habla mientras sus ojos se llenaban de la escena en la que una decena de lobos se abalanzó sobre ella robándole todo aliento… Grakho reaccionó, se volvió y corrió nuevamente hasta ella, cuando llegó, solo su cuerpo yaciente encontró.

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