agosto 17, 2012

Dead's Winter. CAPITULO III. Parte II

ULFRIDO: Llevamos casi tres semanas intentando salir de la ciudad desde el momento en que supimos que comenzaría a evacuarse, pero en esos momentos la situación de Haideé empeoró, cayó en cama con fuertes temperaturas y los soldados, a causa de ello, nos ignoraron, no nos permitieron subir a los camiones y por ende, quedamos ya olvidados.

La noche comenzaba a asomarse y los cinco comenzaron a cerrar y bloquear ventanas y puertas del edificio, de su poco refugio para poder resguardarse, el invierno cada vez hacia más presencia pronto nevaría, eso era seguro. No pasó mucho tiempo después de que la luna asomó su brillo cuando por las calles sonidos desgarradores se comenzaron a oír, quizá un par de cuadras más adelante aún existían personas sanas, existían, pues sus gritos poco a poco se apagaron dejando atrás un silencio abrumador. Por momentos las calles se silenciaban, pero en otros ratos las voces de “ultratumba” apagaban ese silencio, los perros eufóricos se aventaban a las puertas de los edificios desiertos, tenían una fuerza sorprendente tal que, en ocasiones conseguían derribarlas.

Por segunda vez, Marnisha notó que Haideé volvía a encender su diminuto radio, nuevamente aquella transmisión, ilógica para la situación en la que se encontraban, sin embargo la niña guardaba una mirada esperanzada.

ULFRIDO: Casi dos semanas y es la misma grabación, al principio creía que podríamos salvarnos y nos dirigimos a la dirección que indica, pero ya no hemos visto soldados, comienzo a creer que es una farsa.

JEREMY: Nosotros quedamos varados aquí, sin pensar en nada y cada día que pasa nuestros sueños se apagan, comienzan a generarse nubes del pasado y la supervivencia nos es más difícil –cambiando un poco de tema, con voz entrecortada (Jeremy recordó a su difunta madre) y con la mirada un tanto perdida - ¿Tendrán algo de comer? No hemos comido en dos días ¿cierto Marnisha?

Marnisha asintió con la cabeza y Laila de inmediato rebusco en una mochila algo que pudiera ofrecer, sin embargo sus víveres también se habían agotado, necesitaban hacer algo ¿pero qué? Al menos por la noche no podían hacer nada, de lo contrario arriesgarían su vida pero, ¿qué más daba? Parecían estar ya muertos, olvidados.
Pronto cayó la noche y las chicas cayeron en un profundo sueño en tanto que Ulfrido y Jeremy se turnaban en vigilar y por ratos, pensar en un nuevo plan para conseguir alimentos. El plan, en cuento amaneciera, se pondría en marcha: Jeremy había estado vigilando una tienda de autoservicio que se ubicaba en la otra esquina de la calle en la que ellos se encontraban, 200 metros cuanto mínimo de distancia, en ese tiempo de vigilancia notó que nadie había conseguido entrar, en cambio en el intento, eran cazados por esos cadáveres andantes. El plan, entrar a como diera lugar pero ¿cómo? Ulfrido contaba con un rifle y bastas municiones; Jeremy, con el arma de su padre. Ulfrido a pesar de su edad se veía con buena condición, ambos correrían lo más a prisa posible cuidándose las espaldas uno con el otro, Jeremy a parte de su revolver llevaría una barra metálica que encontraron la mañana anterior en el edificio, para poder romper la puerta o alguna de las ventanas y poder entrar en el autoservicio. Tendrán que actuar rápido, al mínimo titubeo y su vida podrían perder, cosa que no podían permitirse pues las chicas los estarían esperando.

A penas estaba amaneciendo, Haideé y Laila aún dormían en tanto Jeremy le explicaba el plan a Marnisha, ella quería participar en la hazaña, pero era demasiado riesgoso –explicó Jeremy – Marnisha tenía una tarea igual de importante; ella cuidaría de las dos niñas al tiempo que tendría el tiempo para poner al corriente su bitácora.

Los hombres se dispusieron a partir, en las calles el sol matinal brillaba, no había murmullo alguno, incluso se podía escuchar la respiración de los árboles.

JEREMY: ¿Listo Ulfrido?, tenemos poco tiempo, siempre alerta…

ULFRIDO: Siempre alerta, todo listo; respira, relájate.

Comenzaron a correr, desde una ventana Marnisha y Laila observaban, impacientes, temerosas, rezando incluso por que todo saliera bien.
Una zancada, dos, tres… parecían los 200 metros más largos y eternos que se pudieran recorrer, por fin consiguieron llegar a la tienda, todo bien momentáneamente; Ulfrido vigilaba la espalda del chico mientras éste se disponía a romper la puerta, apenas iba a empuñar la barra cuando un disparo del rifle de Ulfrido se oyó, el eco se esparció y frente a ellos una serie de cinco “sujetos” se aproximaba lentamente con paso torpe pero feroz y firme. Ulfrido comenzó a disparar totalmente determinante, Jeremy pasmado, el miedo de ser devorado – como antes ya había visto – lo inundó.

ULFRIDO: “¡Vamos!, ¡respira, relájate!”

La frase de Ulfrido parecía mágica, tanto que Jeremy reacciono y comenzó a disparar. Las municiones de Ulfrido daban al blanco, impresionante escena: apenas las balas entraban a los cuerpos y la piel de los “sujetos” se reventaba provocando grandes fuentes salpicadoras de sangre, pero no se detenían, continuaban en pie y conforme avanzaban el hedor de la sangre era intenso, como pútrido; Jeremy de suerte – pues no tenía mucha experiencia usando un arma – disparó justo en el cerebro de uno, los sesos se desparramaron con un gran brote de pus y cayó muerto, fue entonces que Ulfrido comprendió y disparó a los cerebros de los otros cuatro dando fin a su feroz hazaña. Respiraron, se relajaron y consiguieron entrar en la tienda – ahora Jeremy comprendía porqué casi no veía gente por ahí - no había muchos productos, y de los que había muchos de ellos ya estaban caducados, pronto vieron algunas bolsas y comenzaron a cargarlas con alimentos, una vez en el refugio, los escogerían con un poco más de calma.

Al salir de la tienda Jeremy tomó delantera para cerciorarse de la seguridad, volteó a todos lados y percató que en uno de los parques se encontraba un camión militar, y pensó que podría ser su pase para salir de la ciudad, y frente a ese parque también vio un edificio que parecía seguro. Al llegar al refugio le contaría a Ulfrido y seguro harían un nuevo plan.

JEREMY: Todo libre, corramos.

Ulfrido asintió con la cabeza y corrieron nuevamente en dirección de Marnisha y las niñas, una vez de nuevo juntos y en plena selección de los alimentos, los hombres comentaron lo sucedido – Marnisha no dejaba de tomar nota – y Ulfrido planteó el nuevo plan.

ULFRIDO: Decidido, comemos algo y vamos a ese edificio para ver si es seguro, de ser así, antes de que caiga la noche nos iremos de aquí.

MARNISHA: ¿Y porqué no vamos directo al camión?

JEREMY: Es riesgoso, podrían estar vigilándolo o incluso estar ya ocupado por los zombies o algo así, es mejor ir al edificio y vigilar que no haya nada sospechoso y de ser seguro, iremos hacia el camión.

Por fortuna la mayoría de los alimentos estaban en óptimas condiciones, comieron a saciarse. Al término, Jeremy y Ulfrido emprendieron camino a examinar el edificio, era seguro, increíblemente era un pequeño hotel que por lo visto tenía solo un par de meses de haber entrado en servicio y parecía no sufrir estragos de lo que acontecía. Jeremy regresó por Marnisha y las otras dos que ya tenían todo listo para irse en cuando dieran alguna señal. Sin complicaciones, los cinco se reunieron en el nuevo refugio y dieron tarea a vigilar el camión militar; comenzaba a caer la noche y pronto el invierno asomó su primer nevada, los cinco se disponían a cenar algo, pero su cena se vio aturdida por un fuerte ladrido de perros –rabiosos – Marnisha y Jeremy imaginaron de que tipo. Pronto se asomaron por la ventana y alcanzaron a vislumbrar a tres individuos que corrían por la calle, ellos y ella, parecían “normales”, pero en peligro…

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La vida es algo que a todos se nos ha consedido, aunque jamas se valora, la vida para mi es un obsequio, un humano para un no humano, interesante forma que tengo de ver esta situación;muero y ahora vivo, me engrandesco con tu vida y vivo porque de tu sangre me alimento...