septiembre 17, 2012

La Batalla final Capítulo I. Parte I


-Por extraño que parezca, estoy pensando en ti-

Las batallas han comenzado, una nueva guerra pero sin armas, la disputa por nuestro territorio, por nuestro reino ¿cuántos más irán a despertar? Faltan muchos aun y sin embargo las piezas culminantes ya están en su sitio, la mesa de juego ya esta puesta y el tablero ya esta preparado, la estrategia se ha ensayado y dictaminado, las trompetas celestiales comienzan a sonar y las puertas estelares se comienzan a abrir para dar paso a los futuros líderes y cabezas de los clanes.

Una batalla con tantos precedentes y sin embargo un solo objetivo: la humanidad. Caballeros con armaduras cual resplandeciente oro y sus damas con las más finas cedas que en todos los tiempos han existido. Se respira el aroma de cuerpos putrefactos y almas eternas. Pieles blancas y ojos profundos, penetrantes en miradas y alucinantes en pasiones; cabelleras aterciopeladas y rojos labios cual carmines, damas con cuerpos celestiales, pero infernales almas las gobiernan, caballeros aristocráticos de portes sensuales y hechizantes, la sabiduría ancestral se comienza a sentir. Una nueva era aristocrática de sus sarcófagos comienza a salir en tanto la luz se disipa y da paso a la lúgubre neblina llena de gritos dolorosos y la oscuridad llena de las historias que originaron nuestra leyenda. Todo un nuevo y brillante clan se hace presente, con ropas de ensueño que engalanan sus cuerpos, todos ellos con capas que detallan aun más sus fuertes espaldas. Todas ellas con joyería exquisita que hace resaltar sus hermosos ojos.

Una era antigua en la que la rebelión por gobernar era más evidente que la simple pertenencia, era en la que los humanos se revelaron en contra del Dios, pero esta rebelión solo causó que ese Dios invocara la fuerza que destruye otra fuerza, para que se manifestara en la tierra y calmara a los rebeldes. Sekhmet era esa fuerza, una semidiosa de extravagante belleza, un ser que como castigo a los desórdenes asesino a los humanos bebiendo su sangre y rasgando sus cuerpos, tanta era la ira de este ser que ni el Dios padre la pudo detener, fue terrible hazaña por contener a los revolucionarios que sin duda alguna Sekhmet no pararía hasta hacer extinta a la raza humana. Los seducía poco a poco, los atraía hacia su guarida, y los aseguraba tras sus colmillos.

Su creado vio cuan terrible fue la venganza que tomo la diosa, intento detenerla pero no lo consiguió, ella continuaba asesinando a sangre fría, eso Dios no lo podría permitir así que tomo cartas en el asunto, decidió dar fin a la vida de ese ser sanguinario así que ordenó preparar una mezcla de opio, cerveza, ciertas plantas colosales de la familia de la Solanaceae y desde luego sangre humana, una mezcla que sería llevada asta Sekhmet y que más tarde ocasionara la perdida de la mente de la diosa ocasionando grandes y fuertes alucinaciones para que más tarde el creador la premiara por su hazaña y ofreciéndole la muerte como premio en medio de su inconciencia, ella accedió, y murió…
No paso mucho después de que se le dictaminó muerte a Sekhmet cuando ella en medio de su travesía al mundo de los muertos recuperó su conciencia, se llenó de ira por tal e infame engaño y decidió vengarse, pero no podría hacerlo desde el mundo de los muertos, pues jamás podría salir de ahí, sin embargo encontró a un sirviente de la muerte y le ofreció poder y riquezas, el otro cegado por la belleza de la diosa, acepto, y firmo un contrato de eternidad para hacer que el poder de la diosa pudiera salir del infierno y adueñarse de las víctimas que ya había cobrado antes de recibir el castigo de su creador. Así se hizo, ella extendió su poder a los humanos que antes había privado de la vida, los levanto y los subordinó. Sekhmet ordenada y los humanos obedecían, habían adquirido habilidades sorprendentes, ya no eran humanos si no algo más que eso. Se convirtieron en seres que recibieron los dones de belleza de Sekhmet, seres que se hicieron de sangre fría y sin crepúsculos, seres que comenzaron una casería para supuestamente disputar el puesto del nuevo gobernante, muchos murieron… Otros más se dejaron guiar por el olor de la mezcla que le fue llevada a Sekhmet, bebieron y desde luego murieron. Poco a poco el sin número de víctimas de la diosa decreció, fueron pocos los que resultaron ser más fuertes e inteligentes, por ende consiguieron sobrevivir, tenían que pensar en como ocultarse pues en medio de sus disputas, les amaneció y anocheció tres veces, entonces el ocultarse significaba conseguir vivir un día más, hasta qué grado, ¿bajo qué condiciones? ¿Cuál debería ser el precio?

Solo unos pocos de los miles consiguieron sobrevivir, comenzaron a vivir ocultos por los día y salían cada noche a buscar alimento, pero los que aún eran humanos los notaron, y ahora con odio los veían por ser los culpables de terminar con las vidas de sus seres queridos, vidas que, para los nuevos seres, carecían de valor. Los humanos los cazaban pero sin mucho éxito, mientras estos seres buscaban la forma de ser mayoría, descubrieron que sus vidas no habían cambiado mucho, solo ahora eran aristocráticos, adinerados y de belleza sin igual. Eran poderosos ante los ojos de los otros. Se comenzaron ahora a relacionar unos con otros creando con ello diferentes familias y crearon sus nuevos apellidos y formaron diferentes clanes, desarrollando en cada uno diversas habilidades.

Pronto no podrían vivir todos en el mismo lugar geográfico, se expandieron, habitaron diferentes naciones y como buenos apoderados, dispusieron de las tierras a gusto y placer, no asesinaban por sobrevivencia solo por el arte de ver la sangre fluir. Refinaron sus portes y se hicieron acreedores de grandes conocimientos en ciencias y artes. Tanto habían conseguido que jamás se percataron del tiempo que había transcurrido…

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La vida es algo que a todos se nos ha consedido, aunque jamas se valora, la vida para mi es un obsequio, un humano para un no humano, interesante forma que tengo de ver esta situación;muero y ahora vivo, me engrandesco con tu vida y vivo porque de tu sangre me alimento...