noviembre 24, 2014

El príncipe

I

El miedo se vuelve a apoderar, de esa tu alma que comienza a caer y se oculta entre las sábanas satinadas o aterciopeladas, todo se desaparece, se nubla, se enturbia cada gota de esa felicidad con la suciedad de la duda y el temor.
El alma hace ya tiempo que ha muerto, tenéis miedo de volver y sentir, ¿Quién os obliga a amar, presa de la tortura y el dolor?; ¿quién os atormenta, por qué? No quiero confundiros, no quiero apresaros de la triste realidad.

¿Cuántas veces os hemos visto caminar, tomados de las manos como amantes dignos de las sombras de los árboles que paso a paso os acompañaron? En cuántas de aquellas ocasiones, vuestra mirada y la mía se han conjugado en el fuego del calor y del deseo.

Suaves y tristes piezas, encaminan la tormenta que se avecina, me siento atormentado, al pensar que jamás volverás, no sé si regresar o surgir nuevamente del infierno y renacer por vos, me siento encadenado en la oscura prisión; ¡siente lo que yo viví, siente lo que yo sufrí!... Amaros es todo para mí, es como encontrar el cielo y perderos en el infierno, juntos los dos a la vez; os deseo ser el esclavo y guardián, olvidar mi nobleza y resguardar cada centímetro de vuestra suave y fría piel.

Mis palabras solo son un resoplo de verdad, no tengo ya mas que dar; he sentido como esa luz que os rodeaba se apagaba. Deja de llorar y perderos en la esperanza de vivir, que os aguarda un profundo dolor. Las lágrimas rasgan la piel...¡toca, desgarra, canta, provocadme! Hacedme vibrar con esas notas que los demonios os permiten tocar; porque solo los demonios seducen y sus voces penetran tan despiadadamente hasta que sus salivas surcan sus bocas y provocan los más oscuros deseos.

Quiero encontraros solo una vez más, abrir mis alas que volvieron a crecer y ante vuestra presencia, arrancarlas, tal y como lo hicisteis vos, cuando partisteis en mente mientras vuestro cuerpo se ofrecía a mí.
Volvamos pues a la orilla del lago, que en tiempos remotos con sus aguas nos cubrió. Sentiréis como tu cuerpo desnudo se inunda del deseo y solo déjate llevar. ¡Niega la vida por amar! Sentís ese sonido ensordecedor de cuerdas que irrumpen el silencio nocturno, fúnebres notas que se funden en el fulgor de vuestra mirada; elevada, perdida y confundida en el lecho del príncipe, que una vez deseasteis conquistar.

Poneros de pie a la orilla del lago, esperad a que la noche os cubra; os trozad las cadenas que os atan a ese sueño; desnuda tus pensamientos, que solo la luna cubra esa desnudez carnal pero que despeje tu mente; que en medio de las caóticas tinieblas, se abra paso la serena luz de luna... el lago, vos y ella, magnífica trinidad.

¡Se ha terminado! Vuestra indiferencia y vuestro rechazo, vuestro temor y vuestra triste realidad os han alcanzado, por mí dejasteis de soñar... vida mía, dejad de llorar, dejad de soñar... dejad de vivir y encontraros conmigo en la eternidad.

¡Que la sangre hierva! Del príncipe que ha muerto y que renace en el demonio que con vuestra sangre y odio habéis creado...


II

Tu humanidad se ha terminado, todo se nubla y es cambiante, las fantasías que te mantenían en pie se evaporan como gases inestables en climas inhóspitos.

Tus virtudes, todo un ramillete de flores que llenaban mi alma a cada momento en que tu simple presencia llenaba el espacio. Pero todo terminó. Tu voz quebrantó mi alma, tus versos perdieron calor, tus caricias golpeaban cada vez mas fuerte y mataron mi ilusión. Aquella ilusión que creé en la cima y que de la nada cayó.

Mi cuerpo se entregaba a ti, lleno; pero mis pensamientos flotaban en brazos de quien me ha acogido y refugiado, alejándome de la realidad. ¿Es posible anhelar la vida a costa de la tristeza que se funde cada vez más en el alma? Sin decir más, viro y me alejo. Mis palabras se las lleva el viento y pierden ese pequeño resoplo de la humildad y la vitalidad.

Tu me has obligado a carecer, de todo aquello que solo el querer ofrece. Hoy podrás ver y quizá recordar todos los momentos en que cada día no era como los demás, esos días en que me mostrabas dónde terminaba el mar y dónde las aves perdían las alas y jamás volvían a volar. Recordarás cuando el universo nos cubría y llenaba el corazón. Volverán tus pensamientos a los lugares donde las estaciones cambiaban a cada momento. Donde la evolución de los pasos pintaban de verde lo que ahora se ha ennegrecido.
Es ahora evidente, dos gotas una de mar y otra de aceite, jamás estarán unidas; tus ojos azules, mi piel canela, tu, un alma que goza de riquezas, oro y plata a tu merced, sin en cambio mi única riqueza, al ver la luz de la luna filtrarse entre tus negros cabellos. No logro evitar el destino que nos separa, no consigo esquivar el golpe sonoro de tu rechazo.

Estoy por irme, pero me ata la suavidad de tu piel, me detengo y vuelvo a ti. ¿Recuerdas el lago?, me preguntas; y cómo olvidar si en ese lugar me entregué a ti por vez primera. Me pides que retornemos a aquel lugar. Te sigo pero a pocos pasos por detrás de ti, tu mirada me aterra y no sé por qué es mi temor ¡tiemblo!. Jamás había sentido tanto miedo de la oscuridad que alberga este lugar, en el cielo no hay luna ni estrellas brillar.
Hemos llegado al lago y con voz determinante me pides entrar en el, no me queda más que obedecer. Mi mirada se encuentra perdida pero en medio de mis pensamientos un arpa suave y triste comienza a entonar una melodía tan triste, tanto que,... mis lágrimas comienzan a rodar por mis mejillas hasta mojar mi pecho y llegar por fin a unirse con el lago. Enfoco un poco la mirada y la fijo en el azul de la tuya. Ha perdido su color. Perdió la suavidad de un "te quiero" y la realeza del príncipe que alguna vez te creí. Ahora lo entiendo.

Dicen que existen miradas que matan, también el odio lo hace y sin duda tu lo manejas muy bien. De tu cuerpo surgen alas que arrancas con vil fiereza, tu rostro se tenza y al momento te abalanzas sobre mí. ¡Duele!

Como si alguien las llamara, docenas de aves negras surcan el cielo y ennegrecen aún mas de lo que ya de por si aterraba. Preludian un fatal descenso. Fallezco justo en el intento por abrir los labios y decir "te amo", las palabras quedan a flote y mientras mi mirada se nubla, la luna y las estrellas hacen su aparición. Tu sombra, transforma una fina silueta en un cuerpo fuerte y atroz; frío y ajeno al que yo conocí.

El lago comienza a tornarse color carmín, un tono perfecto que permite visualizar que el dulce príncipe ya no esta y que ha sido devorado por el demonio que la vida me ha quitado. El pecho duele, y la respiración termina...

III
El cantar del cuervo

Mi dulce caballero, que de vuestra voz he escuchado
las palabras divinas que encierran el "te amo";
descansa y duerme acompañado de la suave briza
que mi abrazo lleva hasta tu lado...

En tanto a tu descanso, la espada que atravesó vuestro corazón,
descansa inerte y misteriosa, solitaria y sin brillo;
fría, muy fría por el lecho del olvido.
Duele y surca ríos de sangre al compás de un ultimo suspiro.

Vuestro cuerpo se apaga y solitario queda
al acecho de los cuervos que tus dulces ojos extraen de sus cavidades.
Es el castigo por tus actos, un cuervo satisface su hambre
mientras que tu realeza de príncipe devora.


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Un poco de mi

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La vida es algo que a todos se nos ha consedido, aunque jamas se valora, la vida para mi es un obsequio, un humano para un no humano, interesante forma que tengo de ver esta situación;muero y ahora vivo, me engrandesco con tu vida y vivo porque de tu sangre me alimento...